Alfombras
Compra y vende alfombras en Panamá.
Sobre el porcelanato y la cerámica que cubren casi todos los pisos panameños, la alfombra suele ser lo único suave de la sala, y por eso una debajo del sofá o al lado de la cama cambia la casa más de lo que cuesta. Lana anudada a mano, tufting que parece artesanal sin serlo, yute, kilims tejidos planos y alfombras de exterior para la terraza pasan de una casa a otra, nuevas y de segunda mano. Como en Panamá le dicen persa a casi cualquier diseño con un medallón al centro, el revés de la alfombra dice más que el título del anuncio.
Alfombras anudadas a mano, tufting y de máquina:
casi toda alfombra se hace de una de estas tres maneras, y cada una envejece distinto. En la anudada a mano, sea persa, turca, pakistaní o afgana, cada nudo va amarrado a la urdimbre, el dibujo se ve casi igual de nítido por el revés que por delante y los flecos son la misma urdimbre que sale por los extremos. La tufting se hace metiendo la lana en una lona con una pistola y fijándola con una capa de látex bajo una tela: es suave y se ve bonita, pero ese pegamento es lo que termina fallando. Las de máquina, en polipropileno o poliéster, son la mayoría de lo que hay en las mueblerías, incluidos muchos de los diseños con medallón que se venden como persas, con flecos cosidos y un revés tieso y parejo. Los kilims y los dhurries de algodón son tejidos planos, sin pelo, y casi siempre reversibles. El yute y el sisal dan textura, pero el agua los mancha. Las de exterior, en polipropileno, van en la terraza y se lavan con manguera; para los cojines de los muebles de alrededor, mira cojines y almohadas.
Lana, viscosa y la base antideslizante sobre baldosa:
la lana se recupera debajo de la mesa de centro y disimula la suciedad; el polipropileno cuesta menos y aguanta los regueros, por eso va bien en un comedor con niños. Cuidado con la viscosa, que a veces se anuncia como seda de bambú o seda artificial: brilla precioso, pero un vaso derramado o un trapeador mojado le aplasta el pelo y le deja manchas amarillas que casi nunca salen. Sobre baldosa toda alfombra resbala, así que cuenta con una base antideslizante cortada un poco más chica que la alfombra, que además evita que la arenilla le gaste el revés. Para suavizar también la ventana, están las cortinas y persianas.
Lo que cuesta una de máquina frente a una anudada:
una alfombra de máquina para la sala, de unos cinco por ocho pies o 160 por 230 centímetros, cuesta entre $150 y $350 nueva en las mueblerías, y una de lana anudada a mano del mismo tamaño ya se cuenta en miles. La distancia crece con el uso. Una sintética con el camino de paso aplastado no vuelve a quedar como nueva con ningún lavado y se revende por poco, mientras que una anudada se lava, se le reteje un borde gastado y se le reponen los flecos, así que una sana conserva buena parte de su valor por décadas.
El revés de una alfombra usada, los flecos y el olor:
voltéala antes que nada. Un dibujo nítido por detrás es señal de anudada; una lona o una tela es tufting, y si al doblar una esquina cruje o suelta un polvillo, el látex se está deshaciendo. Unos flecos cosidos a lo largo de una costura son de máquina, diga lo que diga la etiqueta. En la lana, busca zonas peladas o telitas finas donde estuvo un mueble: es polilla. Rocía agua en una esquina y huele: los orines de mascota reviven con la humedad, y una linterna UV enseña las manchas. Si el color se corrió hacia un fondo claro, la alfombra estuvo mojada, y si el frente está mucho más pálido que el revés, pasó años al sol.
Un anuncio de alfombra con foto desde arriba y del revés:
tiéndela con luz de día y tómala completa desde una silla o la escalera; luego suma el revés, una esquina, los flecos y cualquier defecto de cerca. Da la medida en pies y en centímetros, porque el comprador la compara con etiquetas de mueblería en cualquiera de las dos. Di de qué material es, si vivió con mascotas o con fumadores y cuándo fue el último lavado profesional. Aspírala por los dos lados y entrégala enrollada y amarrada, nunca doblada: un doblez le marca el pelo y puede cuartear el látex de una tufting, justo en la esquina que un comprador cuidadoso va a doblar primero.