Moda

Compra y vende ropa, zapatos y carteras en Panamá.

La chaqueta acolchada que se compró para un viaje de invierno a Nueva York casi siempre vuelve a Panamá y no sale más del clóset, y por eso tanta ropa de abrigo usada en el país apenas se ha puesto. Lo nuevo y lo usado se reparte entre moda de mujer, de hombre e infantil y, dentro de cada una, entre ropa, zapatos, carteras y accesorios. Una cadena de oro y una camiseta de algodón no pierden valor al mismo ritmo, así que conviene saber qué revisar en cada una antes de escribirle a quien la usó.

Ropa gastada, ropa que quedó chiquita y ropa casi sin usar:

el motivo de la venta dice casi todo lo que vale una prenda. La ropa de diario de un adulto se vende porque ya se usó, y una camisa de cadena pierde casi todo su valor tras unas docenas de lavadas; así es casi toda la ropa para mujer y la ropa para hombre. La moda infantil se vende porque al niño ya no le queda, a veces en una temporada, así que la ropa de niño y de niña puede estar casi nueva y lo que se ajusta es el precio. El tercer grupo es el que vale la pena buscar: lo comprado para una sola ocasión o un solo viaje. En Panamá no hay invierno, y el abrigo de lana o la chaqueta acolchada comprada para un viaje al norte o un fin de semana frío en las tierras altas de Chiriquí se usa una semana y pasa años colgado en el clóset.

Cadenas de oro, carteras de cuero y relojes automáticos:

aguantan su valor como ninguna tela, porque el comprador puede comprobar de qué están hechos. El oro macizo lleva el sello de quilataje, el cuero de flor entera se oscurece y se ablanda con el uso mientras el cuero reconstituido se pela, y una maquinaria automática de Seiko o Tissot admite mantenimiento durante décadas. Por eso una cartera de cuero en bolsos para mujer o un automático en relojes para hombre se cotiza por material y estado, mientras que una cartera de moda en sintético o un reloj de cuarzo con esfera impresa se mide contra lo que cuesta nuevo y vale bastante menos.

La talla de la etiqueta en ropa y zapatos que no te puedes probar:

importa menos que las medidas. Una M de una marca queda como una S de otra, y los zapatos cambian entre numeración estadounidense y europea según la marca. Extiende una camisa o un pantalón que te quede bien y mide el pecho de axila a axila, el largo del hombro al ruedo, la cintura y la entrepierna; pídele al vendedor esos mismos cuatro números. En zapatos, pide el largo de la plantilla en centímetros. La etiqueta de composición pesa tanto como la talla: el algodón y el lino respiran y se ablandan, y el poliéster mantiene la forma y seca rápido, pero hace bolitas donde roza.

Cuellos, elásticos, suelas y logos en la moda usada:

muestran el desgaste que la foto de frente esconde. Voltea la camisa: las axilas amarillas y tiesas y la marca oscura dentro del cuello no salen con nada. Estira el elástico de la cintura; si cruje o se queda estirado, ya se venció. La espuma de la entresuela se puede deshacer en zapatillas que nunca se usaron, así que dobla la suela y apriétala con el pulgar. En una chaqueta acolchada, palpa el relleno buscando grumos y corre el cierre de punta a punta. Las imitaciones de marcas deportivas y de lujo también llegan a la reventa y se delatan en la confección: costuras disparejas, un logo descentrado o que se pela, una etiqueta interior sin composición y herrajes de cartera livianos o sin grabado.

Publicar un abrigo de viaje, una cartera de cuero o una caja de ropa de niño:

es cuestión de medir y decir lo que sabes. Lava la prenda, extiéndela y pon esas medidas junto a la talla de la etiqueta. Fotografía frente, espalda, las dos etiquetas y de cerca cada mancha, junto a una ventana y no bajo un bombillo amarillo, y di cuántas veces se usó: si el abrigo fue una vez a Madrid, que lo diga el título. La factura, la caja o la bolsa protectora suman más a una cartera o un reloj de marca que cualquier texto, y la ropa de niño sale más rápido en lotes por talla que pieza por pieza. Quien viene desde Bugaba o Las Cumbres a recoger va a pedir la medida del pecho antes de salir, porque una chaqueta que no cierra en los hombros es un viaje largo para nada.