Barcos
Compra y vende barcos en Panamá.
Las dos costas de Panamá le piden cosas distintas a una lancha. En el Pacífico la marea de la bahía de Panamá sube y baja varios metros, así que las pangas y las de consola central suelen vivir en su tráiler y se echan al agua con marea alta. En el Caribe el mar casi no se mueve y un bote puede pasar meses en su boya. Junto a ellas aparecen veleros, motos acuáticas y tráileres, nuevos y usados, además de motores fuera de borda y electrónica. Publican dueños desde Pedasí hasta Bocas del Toro, y el comprador trata con ellos para ver el casco y salir a probarla.
Pangas, lanchas de consola central y veleros de crucero:
la panga es lo que aquí casi todos llaman lancha: un casco abierto, largo y angosto, de proa alta, que corre rápido con un fuera de borda modesto y sube a la playa entre las olas. Con esa forma salen los pescadores de Boca Chica. La consola central es el paso siguiente para la pesca de altura: más manga y espacio para pescar alrededor del timón. Las dos están en barcos a motor, igual que las lanchas neumáticas auxiliares. Monocascos y catamaranes van en veleros, las motos de agua en motos acuáticas, y el motor para repotenciar un casco se busca entre los motores fuera de borda.
Mareas del Pacífico, boyas del Caribe y la lancha que pide cada costa:
en la bahía de Panamá y alrededor de Las Perlas la marea sube y baja de tres a cinco metros, así que una rampa que sirve con marea alta puede terminar en fango seis horas después. En el Pacífico se prefieren botes remolcables, guardados en seco, y cada salida se planea con la tabla de mareas; por eso un buen tráiler para lancha suma al precio en ese lado. En el Caribe, de Portobelo a Bocas del Toro, la marea no llega ni a un metro. Las lanchas pasan meses en el agua, así que pesan más el fondo sucio y la pintura antiincrustante, y los arrecifes de Bocas y Guna Yala piden poco calado. Y el motor va según la distancia: una panga de 22 pies con 60 a 90 hp es lancha de costa y de islas; la pesca en aguas profundas pide consola central y más potencia.
Veleros de crucero que terminan su viaje en Colón y Bocas del Toro:
aquí muchos navegantes de travesía cruzan el Canal o se quedan para siempre, y en las marinas de Colón, Portobelo y Bocas del Toro salen a la venta veleros de crucero con frecuencia. Un monocasco de fibra de 36 a 45 pies con treinta años o más se pide en unos $30,000 a $60,000; un catamarán de la misma edad cuesta varias veces eso. Dentro de ese rango pesa más lo que se ha cambiado que la edad del casco: la jarcia firme, las velas, las horas del motor y cuánto tiempo estuvo abandonado al sol. Muchos siguen con bandera extranjera, así que pregunta cuál y qué papeles vienen con el barco antes de enamorarte.
Espejo de popa, horas del motor y un casco visto fuera del agua:
las fallas caras se esconden debajo del gelcoat y dentro del motor. Levanta el fuera de borda y hazlo rebotar desde la placa sobre la hélice; si el espejo de popa se flexiona o el pozo del motor está rajado, el alma puede estar empapada. Pisa la cubierta buscando partes blandas y fíjate en grietas a lo largo de las varengas. Pide verlo fuera del agua: la pintura de fondo recién puesta tapa ampollas y golpes de varada. En una panga el motor muchas veces vale más que el casco donde cuelga. Mira las horas, pregunta si se lavaba con agua dulce después de cada salida y saca un poco de aceite de la pata: si sale lechoso, le entró agua. Pide a un mecánico una prueba de compresión antes de cerrar el precio, revisa el óxido del tráiler en ballestas, mazas y eje, y no cierres nada sin salir a probarla.
Lo que pregunta quien maneja hasta Pedasí para ver tu lancha:
eslora, material del casco y la marca, potencia, año y horas del motor van en las primeras líneas, si incluye tráiler y dónde se guarda: marina, en seco o boya. Fotografía el fondo, el espejo de popa por dentro y por fuera, la placa con el serial del motor y el horómetro, y di qué documentos acompañan al casco y al motor. En el Pacífico, ofrece la prueba a una hora en que la marea deje bajar la lancha por la rampa y volver a subirla; quien bajó desde la ciudad y encuentra tu lancha sentada en el fango no repite el viaje.