Batería De Cocina
Compra y vende ollas, sartenes y vajillas en Panamá.
En casi toda cocina panameña la olla que más trabaja es el caldero, ese pesado de aluminio fundido donde se hace el arroz del día y queda pegado el concolón que todos se pelean. A su lado está la olla de presión para el guandú y los frijoles, y alrededor de las dos, los sartenes y las vajillas que cambian de dueño por pieza o en juego completo, nuevos y usados. Antes de escoger un sartén, piensa en qué estufa vas a cocinar: uno que calienta bien en el fogón de gas puede quedarse frío sobre una estufa de inducción.
Calderos, ollas de presión y los sartenes que los acompañan:
en la cocina panameña dos ollas cargan con casi todo. Las paredes gruesas de aluminio fundido del caldero doran parejo el concolón y duran décadas, así que uno usado y ennegrecido no es motivo para descartarlo. La olla de presión ablanda el guandú, los frijoles y las carnes duras en mucho menos tiempo. Las dos están en ollas y sartenes, con sartenes y juegos completos de marcas como Tramontina e Imusa. Los moldes para dulce, las bandejas y las batidoras de pedestal van en hornear.
Juegos de vajilla, vasos y lo que se pone en la mesa:
la vajilla se vende por juego, y un juego vale lo que vale su conteo. Uno de doce puestos al que le faltan dos platos hondos cuesta más venderlo que uno completo de ocho, porque quizá ese diseño ya no se fabrica. Los platos y tazones del día a día están en vajilla; las bandejas y bases para dulce van en artículos para servir, y los vasos y cocteleras en vasos y bar. Manteles y envases tienen su sitio en paños de cocina y mantelerías y en almacenamiento de cocina.
Estufa de gas o de inducción, y la prueba del imán:
en el fogón de gas sirve casi cualquier sartén. En una estufa de inducción de vidrio solo calienta lo que tiene base magnética, y eso deja fuera al caldero de siempre, a la mayoría de los antiadherentes de aluminio y al cobre. Acerca a la base un imán de los de la refrigeradora: si se pega con fuerza, funciona, y muchas piezas aptas traen grabado debajo el símbolo de una espiral. Después ponlo sobre una superficie plana y aprieta el borde: si se balancea, la base está torcida y calentará disparejo en cualquier estufa lisa.
Teflón rayado, empaques de olla de presión y bordes desportillados:
lo primero que se acaba en un sartén usado es el antiadherente. Inclínalo bajo la luz: si hay rayas hasta el metal o se levanta en el borde, le queda poco. Revisa también los remaches del mango. En una olla de presión, saca el empaque de hule de la tapa y busca grietas o que esté duro, comprueba que la válvula esté destapada y cierra la tapa para sentir que traba. Un borde abollado nunca sella, y el empaque se gasta, así que pregunta si se consigue el repuesto de esa marca. En una vajilla, pasa el dedo por el borde de cada pieza buscando desportilladuras y fíjate si el esmalte tiene craquelado, esa red de grietas finas que se mancha. Los vasos opacos tras años de lavaplatos no vuelven a quedar transparentes.
Batidoras que guardan su valor y sartenes antiadherentes que no:
una batidora de pedestal KitchenAid de cabezal abatible ronda los $450 a $500 nueva, y una usada que gira suave en todas las velocidades conserva buena parte de eso, porque el cuerpo de metal y el motor duran más que las ganas de hornear de casi cualquiera. Con el antiadherente pasa lo contrario: rayado, vale muy poco, porque quien lo compra lo va a tener que cambiar pronto.
Cómo fotografiar un juego de ollas o una vajilla para anunciarla:
junta todas las piezas en una sola foto y pon el conteo en el título, por ejemplo ocho platos llanos, ocho de postre y seis hondos: quien busca un juego quiere saber de una vez si está completo. Voltea una pieza para mostrar el sello de la marca y, en los sartenes, el símbolo de inducción si lo tienen. Fotografía el antiadherente de lado y con luz, que es donde se ven las rayas, y aclara en qué estufa se usaron. Quien venga a Juan Díaz por una vajilla de doce puestos la va a querer en su caja o envuelta plato por plato en periódico, y contada juntos en la puerta; un plato que falta y se descubre en casa convierte una buena venta en un pleito.