Moda Femenina
Compra y vende moda femenina en Panamá.
Una cartera Coach y un pantalón de lino que encogió en la primera lavada suelen salir del mismo clóset la misma tarde, pero se venden con reglas muy distintas. La ropa, los zapatos y la ropa deportiva se compran por medidas, tela y elasticidad. Las carteras y los accesorios no tienen talla y se juzgan por las esquinas, los herrajes y si el logo es auténtico. Aquí conviven piezas nuevas y usadas, desde zapatos que nunca salieron de su caja hasta carteras de diseñador con segunda dueña, y en Panamá una cartera de marca usada se vende tanto por su bolsa protectora y su factura como por sus fotos.
Carteras y accesorios, lo que una mujer compra sin saber su talla:
se pueden juzgar solo con fotos, y por eso cambian de dueña con más facilidad que cualquier otra pieza de moda femenina. Una cartera de bolsos para mujer se lee por las esquinas, las asas y el forro; un collar o un reloj de accesorios para mujer, por el broche y el baño. Lo demás necesita un cuerpo al que quedarle: la ropa para mujer, de la blusa de oficina a los vestidos para una boda, los zapatos de mujer y la ropa deportiva para mujer son una apuesta sin los números correctos.
Spandex, viscosa y lino en la etiqueta de la ropa de mujer:
dicen más del calce que la talla impresa encima. Unos jeans o una falda lápiz con un par de por ciento de spandex ceden media talla, así que quien está entre dos tallas puede quedarse con la menor; la mezclilla rígida y la sastrería sin elasticidad tienen que quedar justas desde el primer día. La viscosa, que en muchas etiquetas estadounidenses aparece como rayón, puede encoger bastante con agua caliente: pregunta si las medidas se tomaron antes o después de lavarla. El lino se afloja con el uso, algo que le sienta a un pantalón ancho y arruina un blazer entallado. En zapatos, pide el largo de la plantilla en centímetros, que sirve igual con numeración estadounidense, europea o brasileña.
Coach, Michael Kors y carteras de diseñador en su segunda dueña:
guardan su valor mejor que cualquier otra pieza de moda femenina, siempre que el cuero y los papeles sobrevivan. Una cartera Coach de hombro o cruzada cuesta nueva en Panamá entre unos $180 y $400. Una usada con esquinas limpias, el canto pintado entero y su bolsa protectora conserva buena parte de eso; cuando los cantos ya están pelados y las asas oscurecidas, vale poco más que una cartera de cuero sin marca, porque el canto gastado es lo primero que ve cualquier compradora. Más arriba, las Louis Vuitton, Chanel y Carolina Herrera también se revenden en Panamá, sostenidas por su caja, su factura y su bolsa. Hay copias en todos los niveles: fíjate en costuras parejas, herrajes pesados y grabados y, en la mayoría de las Coach grandes, un estampado que cuadra en las costuras y un parche de cuero cosido por dentro con número de serie.
Bolitas, asas peladas y la huella de los dedos en la plantilla:
son los defectos por los que las tiendas de consignación en Panamá rechazan ropa, y una compradora particular usa la misma lista. Pasa la mano por las axilas de los suéteres tejidos y por la entrepierna de las licras: esas bolitas de fibra no se quitan lavando. En una cartera, revisa la correa donde se une al herraje y el forro de las asas, donde el cuero recubierto y el PU se pelan primero; lo pelado se disimula, pero no se repara. Mira los zapatos por dentro y no solo por debajo: la huella oscura de los dedos en la plantilla dice cuánto se usaron aunque la suela parezca nueva. Estira la pretina de unas licras o de un vestido de baño: si asoman hilos blancos o la tela no regresa, el elastano ya no sirve.
Fotos de las esquinas de la cartera, la etiqueta de la blusa y la plantilla del zapato:
responden lo que una compradora te preguntaría una por una. Extiende la ropa y da busto, cintura y largo junto con la composición de la etiqueta, y aclara si ya se le subió el ruedo. En una cartera, fotografía las cuatro esquinas, la base, el forro y el parche de adentro; en zapatos, las plantillas y las tapas del tacón. Di si un vestido se usó una sola vez en una boda o un blazer cada semana en la oficina, porque con eso se pone el precio. Guarda la bolsa protectora, los botones de repuesto y la factura con lo que publiques: en una cartera de diseñador esas tres cosas mueven el precio más que las fotos, y quien venga desde Arraiján va a querer tenerlas en la mano, no en una foto.