Entrenamiento De Baño
Compra y vende bacenillas y reductores en Panamá.
Dejar el pañal pide menos cosas de las que llenan los estantes. Casi todas las casas empiezan con una bacenilla, que en muchos anuncios sale escrita vacenilla, y pasan después a un reductor sobre el inodoro de la familia, con un banquito delante para subir y alcanzar el lavamanos. Las dos cosas se consiguen nuevas y usadas, muchas veces juntas, de una familia cuyo menor acaba de terminar. De segunda, busca plástico duro que se friega bien; los cojines de espuma y los forros de tela mejor comprarlos nuevos. Antes de escoger reductor, mira tu inodoro desde arriba y fíjate si la taza es redonda o alargada.
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De la bacenilla en el piso al reductor sobre el inodoro:
la bacenilla es el arranque fácil, porque el niño se sienta solo sin que nadie lo cargue. La más sencilla es una sola pieza de plástico con su protector antisalpicaduras adelante; otras traen recipiente interior removible, tapa, o la forma de un inodoro en miniatura, a veces con un botón que suena como la descarga. Las tres en uno se desarman en bacenilla, reductor y escalón, y son lo que más se pasa entre familias. El reductor se salta la bacenilla y sienta al niño directo en el inodoro de la casa. Necesita un banquito delante, que después se queda sirviendo en el lavamanos. Los calzoncitos entrenadores y el protector impermeable de colchón se encargan de los accidentes; la tina y el cambiador están en cuidado del bebé.
Un reductor y un banquito a la medida de tu baño:
los reductores vienen para taza redonda o alargada, y uno que se mece sobre el borde puede quitarle las ganas al niño por semanas. Busca gomas antideslizantes por debajo y un borde que encaje por dentro de la taza; las agarraderas a los lados le dan firmeza al que está nervioso, y un gancho permite colgarlo junto al tanque cuando los grandes necesitan el baño. El banquito debe tener patas de goma y superficie rugosa, porque el piso del baño suele ser baldosa mojada. Los reductores plegables son los que valen la pena para el viaje largo a Chiriquí o a Azuero, cuando la parada es el baño de una gasolinera en Divisa: uno se dobla y entra en un bolsillo de la pañalera, y una bacenilla de viaje con bolsas desechables resuelve los tramos donde no hay dónde parar.
Lo que se paga por el botón de descarga y la música:
una bacenilla sencilla de plástico cuesta entre $10 y $20 nueva, y una tres en uno o un inodorito con tapa, escalón y sonidos anda entre $30 y $45. Un buen reductor con agarraderas queda en medio. Usada, la sencilla vale poco sola: es barata nueva y muchos papás prefieren no reutilizarla, así que se va dentro de un lote. La tres en uno guarda más su precio, pero solo si están todas las piezas y el botón de sonido todavía funciona, porque el recipiente interior y el protector antisalpicaduras son lo que se pierde y nadie los vende sueltos.
Dónde se le nota el uso a una bacenilla o un reductor de segunda:
pon el plástico a contraluz. Las grietas finas en el borde y en la base del protector guardan orina y no salen con cepillo. Las gomas antideslizantes de los reductores se endurecen con el tiempo y los limpiadores, hasta que el asiento resbala. Si tiene botón de sonido, destornilla la tapa de las baterías: si los contactos están sulfatados, entró líquido, y la electrónica casi nunca se recupera. Los asientos acolchados o de espuma se abren en las costuras y absorben lo que se les mete por debajo, así que esos, usados, mejor no. Un protector de colchón que cruje y se descascara ya no protege nada. Los calzoncitos entrenadores de tela solo valen la pena sin estrenar y con etiqueta, y los desechables, solo en paquete sellado.
Un kit de entrenamiento lavado, seco y fotografiado por piezas:
casi todo sale a la venta cuando el niño ya no tiene accidentes o cuando el hermanito se fue directo al reductor y la bacenilla nunca salió del armario. Lava cada pieza, déjala secar del todo y fotografíala desarmada. Di si el reductor es para taza redonda o alargada, enumera las piezas de la tres en uno y aclara cuál falta, y prueba el botón de sonido con baterías nuevas. Los paquetes sin abrir de calzones de entrenamiento conviene anunciarlos aparte con la talla a la vista: son justo lo que sobra cuando el niño pega el estirón antes de terminar el paquete. Quien viene desde Juan Díaz por el lote va a querer ver cómo encaja la tres en uno, así que llévala armada y con las baterías puestas.