Deshumidificadores
Compra y vende deshumidificadores en Panamá.
Deja cerrado un mes un apartamento en El Cangrejo o una casa en Bocas del Toro y al volver puede haber puntitos verdes en los zapatos y un olor agrio en el colchón. Un deshumidificador prendido mientras no estás es lo que lo evita. Aquí tienen su lugar, nuevos y usados, los equipos de compresor con cubeta o con bomba, los modelos pequeños para el clóset y los potes que absorben humedad. Casi todo lo que se vende en Panamá sigue la norma estadounidense y mide su capacidad en pintas al día, y la cifra de un equipo viejo no significa lo mismo que la de una caja nueva.
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Deshumidificadores de compresor, con bomba y para el clóset:
el de compresor es el que de verdad seca. Funciona como una pequeña refrigeradora que condensa el agua en un serpentín frío, y en un cuarto caliente de Panamá saca más agua por la luz que gasta que cualquier otro tipo. El modelo con bomba incorporada empuja esa agua por una manguerita hasta el fregador o por la ventana, la solución en un apartamento sin desagüe de piso lo bastante bajo para drenar por gravedad. Los desecantes pesan menos y hacen menos ruido, pero consumen más y solo rinden mejor en un cuarto fresco. Las cajitas termoeléctricas y los potes absorbentes desechables son para el ropero o el carro, no para la recámara. El split seca el aire solo mientras enfría, así que el deshumidificador se gana el puesto en cuartos cerrados, vacíos o que nunca se enfrían. Un cuarto caliente además de húmedo pide un aire acondicionado, y esos están en climatizadores; el polvo o el humo, y no la humedad, es trabajo de los purificadores de aire.
Un deshumidificador para el apartamento que queda cerrado:
necesita dos cosas que al del ropero no le hacen falta. La primera es drenaje continuo, con manguera o con bomba, para que la cubeta llena no lo apague a los pocos días de irte. La segunda es reinicio automático, para que vuelva a prender con su última configuración cuando una tormenta deja sin luz; algunos baratos regresan en espera y ahí se quedan hasta que llegas a un apartamento con olor a encierro. Cuando no hay nadie para vaciar la cubeta ni apretar un botón, esas dos funciones pesan más que una capacidad mayor.
Las pintas de la etiqueta y el precio de un deshumidificador nuevo:
nuevo, uno de compresor cuesta unos $160 si es pequeño, de 30 pintas, y entre $180 y $300 el de 50, según la marca. Lo que se vende en Panamá sigue la medición de Estados Unidos, y esa prueba pasó a hacerse en un cuarto más fresco, así que la misma máquina ahora marca menos: un equipo viejo de 70 pintas rinde más o menos como uno nuevo de 50, y algunas cajas en venta aquí todavía citan la prueba antigua, más caliente, que infla la cifra. Con los de 50 pintas económicos a ese precio, al usado le queda poco margen: nadie puede ver cuántas horas lleva el compresor, y para quien tiene un apartamento cerrado, uno sin bomba ni reinicio automático vale menos por limpio que se vea.
La cubeta, el filtro y la etiqueta de un deshumidificador usado:
empieza por la cubeta. Adentro lleva un flotador que le avisa a la máquina cuándo parar; si se traba o el plástico está rajado, el equipo no arranca o te moja el piso. Saca el filtro: una capa gruesa de polvo gris o un olor a moho en el serpentín dicen que nadie lo limpiaba. Desenchúfalo mientras trabaja y vuelve a enchufarlo: tiene que arrancar solo. Después lee la etiqueta de atrás: marca, modelo y fecha de fabricación. Gree fabricó deshumidificadores vendidos como Frigidaire, Kenmore, GE, De’Longhi, SoleusAir y otras marcas que se retiraron en Estados Unidos y Canadá porque podían recalentarse e incendiarse, y un equipo viejo que llegó de allá puede ser uno de ellos. Si el modelo aparece en la lista de retiro, déjalo.
El anuncio de un deshumidificador que alguien dejará prendido solo:
pon la marca, el modelo, las pintas y la fecha de fabricación de la etiqueta, que le dice al comprador con qué prueba se midió. Indica si tiene bomba, salida para manguera y reinicio automático, porque quien va a dejar un apartamento cerrado pregunta por las tres cosas. Fotografía la etiqueta, el interior de la cubeta y el filtro. Casi siempre salen cuando el dueño se muda a un lugar con aire en todos los cuartos o se va del país. Vacía la cubeta y la manguera antes de que llegue el comprador: va a querer oír arrancar el compresor y sentir el aire seco en la rejilla antes de subirlo al carro.