Realidad Virtual

Compra y vende visores de realidad virtual en Panamá.

Un Meta Quest no pide más que batería cargada y un pedazo de piso despejado, y por eso es con el que casi todos empiezan y el más fácil de pasar a otro, porque el siguiente dueño tampoco necesita nada más. El PS VR2 va al lado de una PS5, y quien juega en PC transmite a cualquiera de los dos. Aquí se publican visores nuevos y usados, los famosos lentes VR, junto con lo que se gasta primero: controles, correas con batería y forros faciales. Tras unas rondas de boxeo en una sala sin aire, el forro pesa más que la ficha técnica.

Ejercicio, simuladores o una PS5 deciden el visor:

para juegos de ritmo, boxeo y todo lo que te haga moverte, gana un Quest 3 o un Quest 3S, porque trae chip y batería propios y no deja cable en el que enredarse. El PS VR2 tiene mejor imagen, con pantallas OLED, HDR y seguimiento ocular, pero sin la PS5 a la que se conecta no hace nada, así que es un accesorio de la PlayStation que ya tienes; el adaptador de Sony para PC le abre SteamVR y deja esos extras por el camino. Quien vuela o corre sentado en una PC gamer transmite a un Quest o usa un visor de PC como el Valve Index, que se ubica con estaciones base en las esquinas del cuarto. El Xbox no tiene visor propio.

Lentes del Quest 3, correas con batería y forros en una sala caliente:

el Quest 3 y el 3S comparten chip y biblioteca, así que lo que se elige es el vidrio. Los lentes pancake del Quest 3 se ven nítidos hasta el borde y su vista a color del entorno sirve para jugar en realidad mixta junto al sofá; el 3S lleva lentes Fresnel, más viejos, con una zona nítida más pequeña. De ahí en adelante pesan más los accesorios: una correa con batería te quita el peso de los pómulos y alarga la sesión. La espuma de fábrica se empapa rápido en una sala sin aire acondicionado, y por eso quien hace ejercicio la cambia por un forro de silicona que se limpia con un paño. Un visor que sale de un cuarto frío también se empaña en una sala caliente, así que déjalo agarrar temperatura unos minutos antes de empezar.

Lo que vale un Quest después de su primer dueño:

un visor autónomo nuevo cuesta entre $380 y $500 en Panamá según el almacenamiento, y uno usado de la misma generación, reiniciado y con sus dos controles, se vende entre $220 y $280. Los juegos se quedan en su cuenta de Meta, la batería sellada ya perdió algo de autonomía y Meta publica la fecha en que cada modelo deja de recibir actualizaciones de seguridad, así que cada año que se acerca a esa fecha se le resta al precio. Por eso un Quest 2 sirve para entrar barato, no para quedárselo muchos años.

Controles, lentes y cable del PS VR2 en un equipo usado:

abre primero la tapa de la pila de cada control del Quest. Funcionan con una AA, y una olvidada meses en una gaveta se sulfata y deja los contactos verdes. Empuja cada stick, suéltalo y fíjate si el cursor sigue moviéndose solo, porque esa desviación es la falla más común de los controles. Mira los lentes de lado con la linterna del celular: los rayones finos salen de limpiarlos con la camisa, una mancha quemada sale del sol concentrado a través de ellos sobre la pantalla, y ninguna de las dos se quita. Póntelo en un cuarto con buena luz y camina un poco; el límite tiene que quedarse fijo en el piso. El PS VR2 no se amarra a ninguna cuenta, así que lo que se revisa es físico: recorre con los dedos todo el cable, su única conexión con la consola.

Entregar un Quest listo para su próximo dueño:

quítalo de tu cuenta en la app Meta Horizon y restablécelo de fábrica desde el menú de arranque, manteniendo encendido y bajar volumen con la batería al menos a la mitad. Di qué modelo y qué almacenamiento es, y si van incluidos una correa con batería, un forro de silicona o el adaptador de PC del PS VR2; no pongas la biblioteca de juegos en el anuncio, porque se queda contigo. Fotografía los lentes con luz y los compartimentos de pilas. Cuando alguien venga desde Las Cumbres a probarlo, tenlo cargado, con una AA nueva en cada control y una esquina despejada, y déjalo jugar una ronda de algo con movimiento: el seguimiento, los sticks y el ajuste se notan en la primera canción.