Scooters Para Niños
Compra y vende scooters para niños en Panamá.
El scooter con el que aprende un niño de tres años y el que usa uno de doce para saltar en el skatepark solo se parecen en la plataforma. En medio quedan los plegables que van al colegio doblados en el carro y los eléctricos pequeños para niños de ocho años en adelante. Casi todos quedan chicos mucho antes de gastarse, así que un Razor, un Madd Gear o uno sin marca usado tiene tanto sentido como uno nuevo. Al buscar, prueba también con patineta: en Panamá la palabra sirve para el scooter y para la tabla de skate, y a los eléctricos muchos les dicen patineta eléctrica.
Scooters de tres ruedas para los primeros paseos:
dos ruedas adelante y una plataforma baja y ancha permiten que un niño de dos o tres años se pare y se impulse antes de saber equilibrarse. Los mejores se dirigen inclinando el cuerpo en lugar de girar el manubrio, el mismo gesto que después pide la bicicleta. El Mini Micro es el diseño que todos copian. Hacia los cinco años casi todos quieren dos ruedas, y ahí la elección se divide.
Manubrio plegable en T o manubrio fijo de stunt:
el scooter plegable tiene manubrio regulable y una bisagra en el cuello, así que cabe en el carro y crece con el niño. Con el manubrio en su punto más bajo, los puños deben quedarle a la cintura; si ya le llegan al pecho, en pocos meses le quedará chico. El scooter stunt o freestyle, de Madd Gear o Razor, lleva el manubrio fijo, no se dobla y usa un sistema de compresión que mantiene firme la horquilla en los saltos. Se escoge para la estatura de hoy, a la cintura o un poco más arriba, porque después no se puede subir. Si el niño duda entre scooter y pedales, compara con las bicicletas para niños; los carritos de batería están en vehículos y RC, y el resto del juego al aire libre, un nivel más arriba.
Scooters eléctricos para niños y su cargador:
los modelos infantiles de Razor, los más conocidos, se fabrican para el mercado de Estados Unidos, y eso le conviene a Panamá: sus cargadores son de 120 voltios y se conectan directo al tomacorriente. Si alguien trajo uno de Europa, lee el voltaje impreso en el cargador, porque muchos son solo para 230 voltios. Los modelos clásicos, pensados para niños de unos ocho años en adelante, llevan baterías selladas de plomo-ácido que pierden capacidad si pasan semanas descargadas, así que el scooter vale lo que valga su batería.
Por qué un scooter manual usado sale tan barato:
el nuevo ya es barato. Uno de tres ruedas o un plegable básico cuesta entre $35 y $45 nuevo, así que uno usado en buen estado vale entre $10 y $20, porque quien compra lo compara con uno en caja por pocos dólares más. El stunt aguanta mejor su precio porque todo se cambia, de las ruedas a la abrazadera. El eléctrico se cotiza por la batería: si aún dura lo que duraba nuevo, vale una buena parte de lo que cuesta uno en tienda, desde unos $130; si se apaga a los diez minutos, vale el scooter menos una batería nueva.
La bisagra y las ruedas de un scooter usado:
párate en la plataforma y mueve el manubrio hacia adelante y hacia atrás. Si suena un clic o tiene juego, el seguro está gastado o la dirección está floja. Haz girar cada rueda: si raspa, los rodamientos están cansados, y cambiarlos cuesta poco. Busca partes planas en el poliuretano, un freno trasero que ya no toca la rueda y grietas finas donde el tubo se une a la plataforma. Las copias del Mini Micro abundan; el original trae un número de serie y un sello de fecha debajo de la plataforma. En un eléctrico, móntalo hasta que pierda fuerza y asegúrate de que venga el cargador original.
Pasarle el scooter al siguiente niño:
pon el tipo en el título, sea de tres ruedas, plegable, stunt o eléctrico, y luego la marca, la altura mínima y máxima del manubrio y el peso máximo que indica la plataforma o el manual. Si es eléctrico, di la edad de la batería y cuánto dura de verdad. Fotografía la plataforma por arriba y por abajo, la bisagra, las dos ruedas y el freno, y menciona cualquier juego. Los papás que vienen a recogerlo quieren ver a su hijo parado en él con el manubrio a la altura correcta, así que carga el eléctrico la noche antes y deja que el niño dé una vuelta por el estacionamiento.