Moda Niña
Compra y vende ropa, zapatos y accesorios de niña en Panamá.
Un vestido de fiesta de tul que se compró para un cumpleaños suele aguantar dos o tres fiestas más antes de que el corpiño apriete, y para entonces sigue demasiado bonito para regalarlo. La ropa de niña está llena de prendas así, junto a los vestidos de diario, los leggings, los zapatos y los ganchitos, desde tallas de bebé hasta las etapas que las tiendas infantiles de Panamá llaman preteen y teen. Cambian de manos nuevas y usadas, y mientras más grande la talla, más opinión tiene la niña sobre lo que se va a poner.
Ropa, zapatos y accesorios de niña, y la edad en que ella empieza a escoger:
hasta la edad escolar casi todo lo escoge mamá o papá y gana lo práctico: ropa de niña que aguante la lavadora y zapatos de niña con una correa que pueda cerrar sola. En algún momento de la primaria la decisión pasa a ella. Las tiendas marcan ese cambio cuando mueven las tallas grandes a preteen y luego a teen, y el estilo cambia con la etiqueta: menos vuelos y muñequitos, más de lo que usan las muchachas mayores. Eso pesa al comprar usado, porque una prenda preteen tiene que gustarle a una niña que ya puede decir que no, no solo quedarle. Los accesorios de niña, como ganchitos, carteritas y lentes de sol, cruzan esa frontera con más facilidad porque no tienen talla. Ese mismo cambio acaba con casi toda la ropa heredada entre hermanos: desde la escuela, lo del varón va por moda niño.
Vestidos de fiesta, del tul completo al algodón que se lava en casa:
hay dos tipos grandes, y la diferencia decide cuántas veces se usa uno. El de tul con corpiño de satén está hecho para la fiesta misma: capas de malla sobre un forro, muchas veces lentejuelas o pedrería en la cintura, y una falda que solo luce si se guardó colgada y no doblada. Lo que hay que mirar antes que nada es el forro. Una capa suave de algodón debajo del tul evita que la malla le pique las piernas, y el vestido sin forro es el que la niña se pone una vez y después no quiere ni ver. El otro tipo es el vestido de algodón o lino con nido de abeja o bordado, lo bastante elegante para un almuerzo de cumpleaños o la misa y lo bastante sencillo para meterlo en la lavadora y ponérselo otra vez el domingo siguiente. El tul pide lavado a mano y secado con cuidado, así que dura lo que dure la paciencia de quien lo cuida.
Enganches, lentejuelas y manchas de dulce en un vestido de fiesta usado:
se ven mejor con el vestido al revés, empezando por el forro y siguiendo por el tul del ruedo, que se prende de los zapatos y de las patas de las sillas y coge huequitos que no se arreglan sin que se note. Pasa la mano por las filas de lentejuelas o cuentas buscando huecos, prueba el zíper o los botones de la espalda, y mira las axilas por manchas de sudor y la falda por dulce y jugo, que son las que no salen. Nuevo, un vestido de fiesta de tienda infantil en Panamá anda entre $35 y $60 a precio normal, y las marcas de diseñador se acercan a los $190. Usado, el tul pesa en el precio mucho más que la marca: uno con la falda aplastada y enganchada se queda sin salida aunque haya sido caro, y uno que sigue esponjado después de dos fiestas es el que otras mamás pagan con gusto. El de algodón con nido de abeja se valora por otras cosas, cómo está el bordado y si el color se desteñió en el tendedero.
Fotos con luz de día del tul, del forro y del cierre de la espalda:
le permiten a una mamá juzgar el vestido desde la casa, así que cuélgalo, sacúdele la falda y agrega una foto al revés. Pon la talla de la etiqueta y la edad que tenía la niña cuando le quedó por última vez, cuántas veces se usó, y señala cualquier enganche o lentejuela que falte en vez de esperar que nadie lo note. Si los zapatos o los ganchitos que llevó con él todavía hacen juego, publícalos juntos, porque quien busca para un cumpleaños el sábado prefiere resolver vestido, zapatos y ganchitos en un solo viaje. Una mamá que viene desde La Chorrera o desde Aguadulce por un vestido igual va a querer levantar la falda contra la ventana y pasar la mano por el ruedo antes de pagar, y vale la pena dejarla.