Vestidos De Novia
Compra y vende vestidos de novia en Panamá.
El vestido de novia es la única prenda que se compra para un solo día y después pasa años guardada en una bolsa, por eso tantos vestidos buenos vuelven a salir del clóset cuando ya llegaron las fotos. Aquí se mueven vestidos largos, blancos cortos para el civil y segundos vestidos más ligeros para la hora loca, nuevos de boutique o de atelier y usados de novias que los llevaron una vez. Para una novia de Chiriquí o de Azuero, un vestido usado conseguido cerca puede significar una sola modista de confianza en lugar de tres viajes a la capital para las pruebas.
Vestidos de boutique, de atelier y el blanco para la boda civil:
a la próxima dueña le importa más cómo se hizo el vestido que su silueta. Los de boutique vienen listos o por pedido especial, en tallas por letra, muchas veces de marcas de gala estadounidenses como Ladivine o Amelia Couture que también tienen línea de novia, y se arreglan después de llegar. Los de atelier en la capital se hacen o se adaptan para una sola novia en cuatro a seis meses, con unas tres pruebas, así que le quedan justos a ella. Los de diseñador importado, de casas como Pronovias, usan tallas numeradas de novia y llevan un número de estilo por dentro. Los blancos cortos y midi resuelven el civil, y muchas novias suman un segundo vestido más ligero, o eligen uno con sobrefalda desmontable, para la hora loca. Los de invitada están en vestidos, y los cortados con espacio para la barriga, en ropa de maternidad.
Tallas de novia, colas y telas para el pasillo de la iglesia o el jardín:
mandan las medidas, no la etiqueta. Las tallas numeradas de novia suelen quedar una o dos por debajo de la ropa de calle, así que compara busto, cintura y cadera con las tuyas. Entallar es fácil; soltar, casi nunca. Una cola capilla o catedral luce en el pasillo de la iglesia y necesita recogerse para la fiesta; sobre grama o arena se arrastra y se mancha, por eso las novias que se casan al aire libre prefieren una cola corta en crepé o chifón. El encaje y el bordado disimulan las marquitas, mientras que el satín liso y el mikado las delatan todas. Los zapatos están en zapatos de mujer, y los aretes y tocados, en joyería para mujer.
Un vestido de novia de boutique y lo que vale uno usado:
nuevo, en una boutique nupcial de la capital, cuesta de unos $350 a $850; el atelier y las marcas importadas quedan por encima. Uno usado vale lo que se ahorra la siguiente novia después de pagar los arreglos. El limpio y en su talla original guarda mejor su precio; el que ya entallaron y le subieron el ruedo para una novia bajita solo le sirve a alguien de su talla o menor, y hay que ponerle precio pensando en ese grupo más pequeño.
Color del satín, orillas del encaje y el recogido de la cola en un vestido de novia usado:
ahí se nota qué le hicieron el clóset y el baile. El satín marfil o blanco se pone amarillo en los dobleces cuando el vestido pasa tiempo en una bolsa plástica: ponle al lado una hoja blanca con luz de día, porque marfil, blanco hueso y champán salen iguales en foto. Pasa la mano por los apliques de encaje: si las orillas se levantan o hay rastros de pegamento, los pegaron en vez de coserlos. Las presillas y botones que sostienen el recogido de la cola se rompen primero, casi siempre en la fiesta, y las varillas del corsé pueden doblarse o empezar a salir por el forro. Voltea la cola para buscar grama, arena y vino, y pregunta si lo llevaron a una lavandería especializada o solo lo airearon. Uno que se vende como de diseñador debe conservar la etiqueta cosida con el número de estilo.
Vender el vestido de novia cuando ya llegaron las fotos:
pon la marca y el número de estilo, la talla de la etiqueta y las medidas de busto, cintura, cadera y largo del hombro al ruedo. Di el color exacto, detalla cada arreglo y aclara si pasó por lavado en seco. Fotografíalo con luz de día en un maniquí, de frente y de espalda con la cola extendida, y luego de cerca el encaje, el recogido y la etiqueta. Indica si van incluidos el velo, la crinolina o un segundo vestido. Una novia que viene desde Santiago o Chitré va a pedir todas las medidas antes de hacer el viaje, y casi siempre llega con su mamá y con la modista que se lo va a arreglar, así que dale tiempo para medírselo bien, con la crinolina puesta.