Motos En Venta
Compra y vende motos en Panamá.
En la ciudad de Panamá la moto es tanto herramienta de trabajo como paseo de fin de semana. Las 150 cc que se meten en el tranque de la Vía España con una caja de delivery atrás son muchas más que las motos de aventura que suben a Boquete, y las dos se pueden publicar aquí, nuevas por concesionarios y usadas por sus dueños. Al lado van los scooters automáticos de quien viaja a diario desde Arraiján o La Chorrera. Antes de ir a ver cualquiera, pregunta cuántos kilómetros tiene y si alguna vez trabajó en delivery, porque esa respuesta dice más de la moto que el año de los papeles.
Motos de trabajo, scooters y las que se compran por gusto:
la mayoría de las motocicletas que ruedan en Panamá son motos de trabajo de cambios, de 100 a 150 cc: la Bajaj Boxer, la Hero o la Honda con parrilla, caja y diez horas diarias de mensajería encima. Hechas para cargar y no para la comodidad, gastan poco y cualquier taller las arregla. Los scooters automáticos hacen el mismo trabajo en la ciudad sin clutch: una Honda Navi para tramos cortos, una Vespa en el extremo caro, las dos con caja CVT y espacio bajo el asiento. Luego vienen las que uno quiere más que necesita. Las naked y deportivas, como la Bajaj Pulsar NS200, una TVS Apache o una Yamaha MT-03, le sirven a quien pasa horas en la Interamericana. Las de doble propósito, desde la Honda XR150 hasta la Kawasaki KLR 650, traen suspensión larga y más altura libre para los caminos de montaña sobre Volcán o el interior de Los Santos.
Clutch o CVT, la caja que define la moto:
pesa más que la marca. El scooter es más cómodo en el pare y siga de la Transístmica, pero su correa y sus rodillos se gastan y sufre con pasajero en una subida larga. Una 150 de cambios jala mejor con pasajero o con la caja llena. Fuera de la ciudad, un scooter de 110 cc se queda corto, mientras que una de 150 a 200 cc aguanta velocidad de carretera rumbo a Penonomé sin ir exprimida. Si eres de baja estatura, súbete a una de doble propósito antes de comprarla: el asiento alto que salva los huecos te puede dejar de puntillas en cada semáforo.
La nueva a quincenas, la usada de contado:
esa diferencia marca todos los precios. Una 150 cc nueva va desde unos $1,300 en marcas indias y chinas hasta $2,300 a $2,900 en una Honda o una Yamaha, y concesionarios y financieras la reparten en pagos quincenales. Financiar una usada es difícil, así que el vendedor particular pide todo el dinero de una vez y tiene que quedar bastante por debajo de la nueva para competir. Las usadas de los tamaños más buscados se mueven casi siempre entre $1,200 y $2,500. Las japonesas se quedan arriba de ese rango; la mayoría de las motos de trabajo y scooters chinos pierden valor más rápido, y más todavía si hicieron delivery.
Kilómetros, parrilla de delivery y arranque en frío:
ahí está casi todo lo que el vendedor no cuenta. Huecos de tornillos recientes o una parrilla recortada en la cola indican que la moto cargó caja; un asiento gastado, pedales lisos y puños brillantes en una moto con pocos kilómetros dicen que el odómetro no cuenta toda la historia. Pide verla en frío y escucha el primer arranque: si le cuesta encender, golpetea o bota humo azul, es grave. Busca raspones de caída en los extremos del manubrio, las maniguetas y los pedales. En un scooter, un tirón al arrancar apunta a la correa CVT gastada; en una de cambios, un clutch que patina al acelerar fuerte ya pide cambio. Si hay arreglos pendientes, cotízalos en repuestos para moto antes de cerrar el precio. El número de chasis grabado en el marco debe coincidir con el del registro, y el registro debe estar a nombre de quien vende. Si no deja que tu mecánico la revise, ya te respondió.
Tu moto con placa, seguro y papeles en regla:
el comprador panameño quiere tener claras las tres antes de moverse, así que respóndelas en el anuncio junto con el año, el cilindraje, los kilómetros y si la moto trabajó en delivery. Fotografía los dos lados, el odómetro, las llantas y cualquier raspón, y ten a mano los recibos del taller: venden más que una brillada. Quien venga desde Arraiján o Colón a ver la tuya va a querer oírla arrancar en frío y comprobar que el registro coincide con el marco antes de hablar de plata.