Mesas
Compra y vende mesas en Panamá.
En un quinceaños panameño el bufé y las bebidas van sobre mesas plegables blancas de plástico, alquiladas por docena para una noche. Mesas plegables como esas se compran y venden aquí nuevas y usadas, junto con cocteleras altas, mesitas para la fiesta de los niños y mesas de trabajo para el taller o la feria; las de comedor, las de centro y los escritorios van un nivel más abajo. Una tipo maletín cabe en la maleta del carro; un tablero entero o un comedor de vidrio pide un pickup y alguien que ayude a cargar, así que acuerda cómo se la lleva antes de ir a verla.
La altura de la mesa, de la de centro a la coctelera:
la altura dice para qué es una mesa. La de comedor va a la altura de una silla, se elige por puestos y se anuncia en mesas de comedor. Las mesas de centro, las esquineras y los nocheros quedan muy por debajo y van en mesas auxiliares; las de estudiar o de computadora, en escritorios. Lo que queda son las mesas que se sacan para la ocasión: las plegables, la coctelera alta para una recepción de pie, las mesitas para la fiesta de los niños y las mesas de trabajo para el taller o la feria.
La mesa plegable blanca de todo quinceaños:
en Panamá ningún mueble trabaja tanto. Aguanta el bufé de la fiesta familiar, la mercancía de la fonda y todo el inventario de un negocio de alquiler para fiestas. Las medidas van en pies y pulgadas y son iguales en todas las marcas: la rectangular corta, la larga que carga el bufé y la redonda grande que montan las empresas de alquiler para una cena sentada. Después de la medida, toca decidir cómo se pliega. La tipo maletín se dobla a la mitad y cabe en la maleta del carro, pero deja una raya en el centro que el mantel nunca termina de esconder. La de tablero entero queda plana bajo un bufé cargado y para moverla hace falta un pickup. La marca pesa más que en casi cualquier artículo de plástico: una Lifetime es más robusta que una sin marca y se pandea menos en el medio, y eso es lo que se paga de más.
Comprar mesas plegables o alquilarlas para la fiesta:
una plegable de plástico de 6 pies, la que sienta de seis a ocho, va de unos $40 sin marca a cerca de $80 una Lifetime, nueva. Alquilar una redonda de 60 pulgadas, la de ocho a diez puestos, cuesta entre $8 y $10 por mesa la noche. Para un solo quinceaños sale más barato alquilar, pero una iglesia o un negocio familiar que monta mesas todos los meses recupera lo de las suyas antes de un año. Una usada compite con el mismo modelo nuevo que hay en cualquier ferretería, así que el descuento tiene que notarse. El estado decide lo demás: la que todavía traba bien conserva casi todo su valor, y la de tablero soplado rajado casi no vale nada, porque ese plástico no se remienda para aguantar peso otra vez.
Anillos de seguro, patas flojas y vidrio templado en una mesa usada:
abre la plegable completa y baja el anillo de seguro sobre la unión de cada pata; si un anillo no baja, la pata está torcida. En una tipo maletín, prueba la bisagra del centro y el pestillo. Voltéala y busca rajaduras finas que salgan de los tornillos, por donde primero cede el tablero. Una superficie desteñida, como de tiza, pasó años al sol y ya está quebradiza. En las de madera y vidrio, agarra el tablero y muévelo: si el juego viene de los tornillos de las patas, se aprieta en un minuto; si se rajó un taco de esquina del marco, ya es cosa de carpintero. En el vidrio, busca en una esquina la marquita grabada del templado y pasa el dedo por el canto buscando partes despostilladas, por donde empieza a rajarse.
Una docena de mesas de alquiler, o la que sobra en la terraza:
indica el largo, el alto y para cuántos puestos es, de qué es el tablero y, en una plegable, la marca y el modelo de la etiqueta de abajo. Toma una foto abierta desde arriba y otra boca abajo, para que se vean las patas y los pestillos. Si las sillas del comedor van aparte, se anuncian en sofás y sillas. En un lote, di cuántas hay de cada medida y si son iguales. La empresa de alquiler de David que renueva sus mesas y la familia de Chitré que suelta la que le sobra despiertan la misma duda en quien viene a recogerlas: si todas traban bien. Ábrelas una por una antes de anunciar y dilo en el anuncio.