Ferretería Marina
Compra y vende anclas y herrajes marinos en Panamá.
Fondear en una bahía de manglar de Bocas del Toro es clavar el ancla en lodo blando; en Guna Yala, en cambio, toca buscar un claro de arena entre cabezas de coral. Esa diferencia define buena parte de la ferretería marina que compra un dueño de lancha o velero en Panamá: el ancla con su cadena o su cabo, las cornamusas que aguantan el tirón y las escotillas que mantienen el agua afuera. Se publica nueva o usada, muchas veces recién desmontada de una embarcación en reparación. En cualquier herraje el material va primero, porque el zinc cromado y el inoxidable barato lucen igual que el 316 el día que los compras.
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Anclas para lodo, arena y roca:
el fondo decide cuál agarra. Un ancla de uñas tipo Danforth, o una Fortress de aluminio, se entierra hondo en el lodo del manglar y en la arena, pero puede patinar sobre hierba o roca y soltarse cuando el viento hace girar la lancha. Una de arado o de garra, como la Delta o la Bruce, se reclava mejor cuando cambia el tirón, y las de cuchara con arco de Rocna y Mantus agarran rápido en casi cualquier fondo y le sirven a quien fondea cada noche en una bahía distinta de Las Perlas. Las pangas que pescan cerca de puntas rocosas llevan un ancla plegable tipo rezón, que se zafa cuando se engancha.
Cadena, cabo y el barbotén del molinete:
las lanchas chicas usan un tramo corto de cadena y luego cabo de nylon, que mantiene el tiro pegado al fondo y le quita peso a la proa. Las grandes van todo cadena con molinete, y ahí la cadena tiene que casar con el barbotén, la rueda dentada que la agarra. Una misma medida nominal viene con distinto paso de eslabón, G4, BBB o ISO métrica, y la equivocada salta de la rueda o se traba. Antes de comprar cualquiera de las dos partes, revisa lo grabado en el barbotén o el manual del molinete Lewmar, Maxwell o Quick.
Cornamusas, guías y lo que las sujeta:
una cornamusa es tan fuerte como su metal y su refuerzo. El inoxidable 316 y el bronce aguantan el agua salada; el 304 se pica y se mancha antes, y el zinc cromado de muchas lanchas económicas se ampolla y luego se raja. Con pernos pasantes y contraplaca, la carga se reparte en la cubierta. Cruzar el Canal es la prueba más dura para los herrajes: las cornamusas de proa y popa sostienen el barco mientras la esclusa se llena, y una floja se delata justo ahí. Las líneas largas y las llantas de defensa para ese día casi siempre se alquilan. El sellador para asentar una pieza está en mantenimiento del barco, y los controles de acelerador y cambio van con los motores de barco.
Lo que cuesta un ancla, de la panga al velero:
un ancla de uñas galvanizada para una panga o una lancha chica va desde unos $15 la más liviana hasta unos $150 nueva, mientras que una Fortress de aluminio o una de cuchara para un velero de crucero arranca en unos $400 y sube rápido con el tamaño. Sin piezas que se gasten, un ancla usada con la caña derecha y el galvanizado entero conserva más de su precio que casi cualquier otro equipo náutico. Si ya le asoma el óxido o tiene una uña doblada, es chatarra.
Picaduras en el inoxidable y óxido en la cadena del ancla:
revisa la base de cualquier herraje inoxidable: las manchas color té son cosméticas; las picaduras, las grietas finas junto a los pernos o el óxido que suda de una soldadura indican que el metal está fallando, sobre todo en bases de candeleros y púlpitos de proa. Lleva un imán pequeño: si pega fuerte, no es inoxidable marino, aunque que no pegue tampoco prueba que sea 316. En la cadena, revisa el tramo detrás del ancla, que se arrastra por el fondo y pierde primero el galvanizado. Las escotillas Lewmar o Bomar fallan por el acrílico, que se opaca y se cuartea con el sol, y por el empaque.
Un molinete, una cornamusa o una escotilla con la distancia entre pernos medida:
se vende por los detalles, porque casi todo lo usado sale de embarcaciones que se modernizan o se desarman. Di el material con honestidad, 316, bronce, cromado o desconocido, y da las medidas que el comprador necesita para instalarlo: distancia entre pernos de una cornamusa o un molinete, el corte de una escotilla y no su marco, medida y largo de la cadena, peso del ancla. Fotografía la cara de abajo, donde se esconde la corrosión, y cualquier sello del fabricante. Quien maneje desde Portobelo por un molinete querrá ver en el anuncio lo grabado en el barbotén y la medida de la cadena, porque si no casan con la suya, se lleva a casa una pieza inútil.