Baño & Ducha
Compra y vende productos de baño y ducha en Panamá.
Una barra de avena y arcilla cortada a mano en un pequeño taller panameño y envuelta en papel kraft no tiene casi nada en común con el frasco grande de gel de baño del súper, salvo la jabonera. Del lado de la tina están las bombas de baño, las sales y la espuma; para quien solo tiene ducha, las pastillas aromáticas que se dejan en el piso. Al lado van las esponjas vegetales y los cepillos de mango largo. El jabón y el gel solo vale la pena anunciarlos sellados, y eso le viene mejor que a nadie al productor que liquida el final de una tanda.
Jabones artesanales de talleres panameños:
la mayoría son barras de proceso en frío, hechas con aceites y sosa que se vierten en un molde, se cortan y luego reposan varias semanas de curado, así que el productor que vende barras cortadas hace pocos días las está vendiendo antes de tiempo. Las de glicerina, que se hacen derritiendo una base ya preparada y añadiéndole color y aroma, no necesitan curado y son las transparentes con las que suele empezar quien hace jabón en casa. La etiqueta debería decir los aceites, el aroma y quién la hizo. Los exfoliantes corporales lindan con el cuidado de la piel, la crema que va después de la ducha está en cremas y lociones corporales y el shampoo en barra que prensan los mismos talleres va en cuidado del cabello.
Bombas y sales para la tina, pastillas para la ducha:
una bomba de baño, una bolsa de sales o un frasco de espuma necesitan tina. Si en tu baño solo hay ducha, lo tuyo son las pastillas aromáticas para la ducha: una tableta prensada que se deja en el piso, lejos del chorro, para que el vapor suelte el aroma. Las bombas cambian de tamaño y de lo que llevan dentro: solo efervescencia, una capa de manteca de cacao o aceite, o pétalos y escarcha que después toca sacar de la tina y del desagüe. Entre gel y barra, el frasco con dispensador es más práctico en un baño compartido y en la maleta, y la barra rinde más si se seca entre duchas en una jabonera que escurra.
Una barra artesanal frente a la barra en caja del supermercado:
la de un productor panameño anda entre $8 y $9 y una bomba de baño artesanal por los $10, varias veces lo que cuesta una barra en caja del supermercado. Esa diferencia paga los aceites, el aroma y el trabajo de cortar y envolver a mano, y nada de eso sobrevive a la primera mojada: por eso una barra sin abrir conserva su valor y una abierta no vale nada.
Bombas blandas, sales apelmazadas y jabones pasados:
aquí el daño lo hacen el tiempo y la humedad, no el uso. Una bomba de baño tiene que estar dura, lisa y todavía en su plástico; si se desmorona, se agrieta o cede bajo el pulgar, ya chupó humedad y apenas va a burbujear. En una barra artesanal, un polvillo blanco es ceniza de sosa, un detalle de aspecto que se va con la primera lavada; las manchas anaranjadas o el olor a aceite de freír viejo indican que los aceites se enranciaron y esa barra ya no sirve. En un frasco el sello dice más que el nivel: un dispensador todavía trabado o el sello de aluminio bajo la tapa indican que nadie lo abrió. Una marca conocida de productos de baño ofrecida a precio de remate y sin código de lote impreso en el frasco es casi seguro una copia.
Esponjas, pompones y cepillos de cuerpo, en su empaque:
una esponja vegetal, un pompón de malla o una piedra pómez se quedan con todo lo que tocaron, así que solo vale la pena anunciarlos sin estrenar y en su empaque. Un cepillo de mango largo aguanta más, y uno sin usar se puede pasar si la madera no tiene grietas ni manchas oscuras donde entró el agua.
Fotos de una tanda de jabones o de un frasco sellado:
una foto de cerca de la tapa o del dispensador muestra si el sello sigue intacto; suma la etiqueta de atrás y, en las barras artesanales, la que dice los aceites, el aroma y el productor. Si haces jabón, pon la fecha en que cortaste la tanda para que se sepa cuánto lleva curando, y aclara si las barras van envueltas o sueltas. Cuando alguien pase a recoger una bolsa de barras en Juan Díaz, envuélvelas de modo que una punta se abra sin romper el papel: va a querer olerlas antes de pagar.