Guitarras
Compra y vende guitarras en Panamá.
Además de la clásica de nailon que un niño lleva a sus clases y la eléctrica que suena el domingo en la banda de la iglesia, Panamá tiene guitarras propias: la mejoranera de cinco cuerdas y el socavón de cuatro, labrados de un solo bloque de madera en las provincias centrales para acompañar la décima. Nuevas o usadas, van desde clásicas de estudio y electroacústicas hasta bajos y eléctricas Fender y Gibson hechas en Estados Unidos. Las usadas suelen venir de músicos que subieron de nivel o dejaron de tocar, así que el estado del mástil y de los trastes dice más que el brillo del acabado.
Mejoraneras, socavones y las demás guitarras:
la mejoranera es la guitarra de aquí, pequeña, de cinco cuerdas, con el mástil y la caja sacados de un solo bloque de cedro u otra madera del país, clavijas de madera y, en las tradicionales, trastes de hilo encerado sin nada de metal. El mejoranero la templa por veinticinco o por seis para acompañar la décima, y sus cuerdas de nailon son las tres primeras de una guitarra común. El socavón, al que también llaman bocona, es su pariente de cuatro cuerdas y se toca más para el baile que para el canto. En el conjunto típico, la eléctrica y el bajo acompañan al acordeón, así que un conjunto que se está armando también revisará acordeones.
Cuerdas de nailon, cuerdas de acero y pastillas:
las cuerdas deciden para quién sirve una guitarra. El nailon no castiga las yemas y el diapasón ancho de la clásica separa bien los dedos, por eso los profesores arrancan a los niños con una. La acústica de acero suena más fuerte y brillante, con mástil más delgado, la guitarra para rasguear y cantar. La electroacústica le suma una pastilla y un afinador integrado para conectarse directo al sonido, ideal para un grupo de alabanza o una tocada pequeña. En una acústica, la tapa sólida de abeto o de cedro se abre con los años de uso, y la laminada aguanta más golpes y cuesta menos. Las eléctricas se reparten entre las de bobina simple al estilo Stratocaster, brillantes y limpias, y las de humbucker como la Les Paul, más gruesas y menos ruidosas con distorsión. El niño que duda entre guitarra y teclado puede ver el otro lado en pianos y teclados.
Yamaha de estudio frente a Fender y Gibson estadounidenses:
una clásica o una folk Yamaha para principiante cuesta menos de $200 nueva en Panamá, muchas veces en paquete con forro y correa. Una usada de ese nivel ahorra poco, y ese ahorro se esfuma si hay que calibrarla para que afine. Una Fender o una Gibson hecha en Estados Unidos anda entre $1,800 y $3,000 nueva, y esas guardan mucho mejor su valor de segunda mano, porque un buen mástil y buen herraje duran décadas, siempre que el número de serie cuadre.
Mástil, puente y el logo del clavijero de una guitarra usada:
mira el mástil a lo largo: una curva leve es normal, una torcedura no. Pregunta si el alma todavía gira: una trabada no tiene arreglo barato. Canales gastados en los primeros trastes anuncian un cambio de trastes. En una acústica, intenta meter una hoja de papel bajo el borde trasero del puente, porque un puente que se despega hay que volver a pegarlo, y mira si la tapa se abomba detrás. Cuerdas muy altas cerca de la caja en una acústica vieja pueden pedir un reajuste del ángulo del mástil, la reparación más cara de una guitarra. Conecta la eléctrica a un amplificador, gira cada perilla y mueve cada selector: si chasquea, hay potenciómetros sucios o un jack cansado. Hay copias con logo de Gibson o de Fender en el clavijero, así que verifica el número de serie con la marca y compara la forma de la pala con el modelo original. En una mejoranera, busca rajaduras que sigan la veta de la caja labrada y confirma que las clavijas de madera sostengan la afinación durante una pieza entera.
Clavijero, número de serie y calibración en las fotos:
fotografía el clavijero por los dos lados, el número de serie, el mástil de lado, los trastes de cerca y, en una acústica, el puente y la etiqueta de la boca. Di cuándo se calibró y con qué cuerdas, qué se le cambió, desde pastillas y clavijas hasta la cejuela, y si es para zurdo, porque los zurdos buscan justo eso. Menciona el estuche y, en una electroacústica, si el preamplificador funciona. Para una mejoranera o un socavón, di quién lo hizo y de qué madera. Un mejoranero que viene desde Ocú a probarla querrá oírla templada por veinticinco antes de hablar de plata, así que afínala la noche anterior: las clavijas de madera tardan en asentarse.