Libros De Cocina

Compra y vende libros de cocina en Panamá.

Un sancocho tableño lleva culantro, la hierba de hoja larga, y la mayoría de los libros de cocina importados no saben qué es. Van de títulos panameños como T’ACH, de Charlie Collins, premiado en los Gourmand World Cookbook Awards, a los grandes libros de tapa dura de chefs extranjeros, recetarios de un solo tema, como el pan o la freidora de aire, y los recetarios de espiral que armaron hace décadas los clubes de damas de la Zona del Canal. Pueden ser nuevos o de segunda, y en uno usado las manchas de las páginas más trajinadas dicen qué recetas sí se cocinaron.

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Libros de cocina hechos en Panamá:

son los más difíciles de conseguir. Charlie Collins recorrió el país para reunir T’ACH, palabra que en lengua emberá-wounaan quiere decir plátano y también comida, y luego un segundo tomo de cocina contemporánea. La chef Leticia Levy de Márquez dejó por escrito en Mis recetas ancestrales y más los platos afrocaribeños de Colón, el fufú entre ellos. Y están los recetarios comunitarios: colecciones de espiral de clubes de damas e iglesias, como el bilingüe Hands Across the Cooking Pot, que reunieron mujeres panameñas y estadounidenses en tiempos de la Zona del Canal. Salen cuando una familia desocupa una casa en Balboa o en Diablo, y hay antiguos residentes y coleccionistas que los andan buscando.

Libros de chef, recetarios de tapa blanda y el lío de las tazas y los gramos:

el resto del estante se divide por formato y por país de origen. Los de tapa dura de chefs como Yotam Ottolenghi o Samin Nosrat se leen tanto como se cocinan. Los recetarios en español de tapa blanda son libros de trabajo: un solo tema, como el pan, la olla de cocción lenta o la freidora de aire, y recetas cortas para seguir con las manos llenas de harina. Antes de escoger, mire dónde se publicó. Los de Estados Unidos miden en tazas y grados Fahrenheit, los de España pesan todo en gramos y piden nata y patatas, y ninguno le dice dónde conseguir ñame ni qué hacer con un plátano verde. Un libro sobre la comida del bebé que empieza con sólidos está mejor en libros de crianza, y uno de cocina con estufa de campamento para subir al Volcán Barú en libros de actividades al aire libre.

Un libro de chef de tapa dura, nuevo y en su segundo dueño:

lo que se paga son las fotos y el papel. Un libro grande de tapa dura de un chef conocido cuesta entre $35 y $50 nuevo en Panamá; los de tapa blanda arrancan mucho más abajo y pierden más al revenderse. Uno de tapa dura usado, limpio y con el lomo entero, se vende entre $15 y $25, porque las recetas no pasan de moda y quien lo compra se ahorra un libro que casi siempre hay que encargar afuera. Los títulos panameños y los recetarios viejos de club son la excepción: salieron en tiradas cortas y rara vez se reimprimen, así que el precio lo pone lo difícil que es dar con ellos, más que su estado.

Manchas, lomo partido y una copia que no es el libro original:

un libro de cocina que se usó se nota. Las manchas juntas en unas pocas páginas le dicen qué recetas repetía el dueño anterior. Lo que importa es que esas hojas se sigan leyendo y sigan pegadas: el lomo que se aplastó abierto sobre la meseta se parte, y las hojas de al lado se sueltan. Revise que estén completas las secciones de fotos y el índice, y busque hojas pegadas por un derrame. Las notas a mano le bajan el valor a un libro de chef, pero en un recetario comunitario viejo son parte del encanto. En los títulos más vendidos circulan reimpresiones piratas: fotos borrosas, colores lavados, papel delgado y un código de barras difuso las delatan, y el ISBN de la página legal debe coincidir con la edición que describe el vendedor.

Fotos de un libro de cocina con las manchas a la vista:

quien compra perdona una salpicadura en la página de la lasaña si la vio antes de ir. Fotografíe la portada, el lomo, la página legal y algunas de las páginas más usadas, y diga si el libro está en inglés o en español y si mide en tazas o en gramos. Ponga autor y edición en el título del anuncio: un libro de cocina se busca por el nombre del chef. En un recetario de club o comunitario, diga qué grupo lo armó y la fecha que traiga impresa, que es lo que quiere saber un coleccionista. Quien venga hasta Colón por un título panameño que lleva tiempo buscando va a ir directo a los platos que hacía su abuela, así que dele tiempo.