Sombreros Para Mujer

Compra y vende sombreros para mujer en Panamá.

El sombrero que una panameña se pone para ir a una cantadera es el pintao, tejido a mano en Coclé con fibra de bellota y valorado por las vueltas de crineja de su copa. Lo demás suele ser para la sombra de todos los días: sombreros de paja de ala ancha para la playa, fedoras para la ciudad, gorras y viseras para salir a correr temprano, nuevos con etiqueta o usados un par de veces. También aparece el sombrero Panamá de paja toquilla, aunque se teje en Ecuador. Pídele a quien vende la medida interior de la copa antes de quedar, porque las tallas cambian bastante de un fabricante a otro.

El ala de un sombrero de mujer para el sol:

es la que decide cuánta sombra te da. El de ala ancha te tapa cara, cuello y hombros para un día en la arena. La fedora, con la copa pellizcada y el ala más corta, queda bien en la ciudad. El bucket se dobla en la cartera, y la gorra o la visera solo te cubren los ojos; por eso salen a correr junto con la ropa deportiva para mujer. Casi todos los sombreros de paja baratos son de paja de papel recubierta: livianos y económicos, pero si se empapan se ablandan y el ala no vuelve a ser la misma. Unos lentes de sol para mujer hacen el resto.

El sombrero pintao y sus vueltas:

se teje a mano en La Pintada, Penonomé y Antón, en Coclé, y con el mismo método en Herrera, Los Santos y Veraguas. La trenza clara es de bellota, las franjas oscuras son de junco o chonta teñidos con hoja de chisná, y el hilo de pita lo va cosiendo todo sobre una horma de madera. Las mujeres lo llevan con la montuna y a las cantaderas. La calidad se mide en vueltas de trenza en la copa: uno de trabajo tiene unas cinco vueltas gruesas, uno de 15 ya es muy bueno y los más finos llegan a 22 o más, con una trenza mucho más delgada. Ojo con dos cosas. El ala suele llevar una o dos vueltas menos que la copa, así que el número debe salir de la copa. Y una talla grande tiene espacio para más vueltas que una pequeña de la misma finura, así que compara sombreros de tamaño parecido.

Por qué el sombrero Panamá viene de Ecuador:

el de paja toquilla se quedó con el nombre por los viajeros y trabajadores del Canal que lo usaban aquí, pero se teje en Ecuador, en la zona de Cuenca y Montecristi. Es de un solo color, sin franjas oscuras, y se valora por lo fino y apretado del tejido. Muchos de los que se venden como «Panamá» son de paja de papel con la misma forma, y si quien vende no sabe decir de qué paja es, debería cobrarlo como paja de papel.

Mes y medio de tejido en un pintao fino:

es lo que tarda, más o menos, un sombrero de más de 15 vueltas con talcos y pintas, y uno así no baja de unos $450; los más finos, hechos por encargo, pasan de $1,000. Los pintaos sencillos de menos de diez vueltas, los de puestos y tiendas de artesanía, arrancan en unos $50 a $130. Un pintao usado en buen estado conserva buena parte de su valor: todavía no hay forma industrial de hacerlo. Lo que baja el precio es una copa manchada de sudor, una trenza que se pela en el borde del ala o una talla que le queda a pocos.

Voltear el pintao usado:

es lo primero que hay que hacer. La trenza se cose al revés para que los empates queden por dentro de la copa, y cada empate marca la separación entre dos vueltas, así que contarlos confirma lo que te dicen, de la vuelta negra a la reatilla, la última trenza. El sudor se acumula en la copa y en el borde del ala, justo donde la trenza empieza a pelarse. En un sombrero Panamá de toquilla, revisa bien el pellizco delantero de la copa, donde la paja reseca se raja primero, y no te lleves uno con la rajadura ya abierta.

Un anuncio con la copa por dentro a la vista:

le ahorra un viaje perdido a quien busca un pintao. Fotografíalo con luz de día desde arriba, de lado y volteado, para que los empates se cuenten en las fotos. Pon la circunferencia interior en centímetros junto al número de talla, las vueltas y, si los sabes, el artesano y la comunidad de donde viene, porque un artesano conocido sube el precio. Límpialo con jabón suave, sécalo al sol y guárdalo en una funda seca hasta venderlo. Quien venga a buscarlo lo va a voltear antes que nada, así que dale tiempo para contar.