Camisas
Compra y vende blusas y tops en Panamá.
En Panamá el suéter es la camiseta de algodón de todos los días, y así la busca la gente. Junto a él están las blusas de tela, las camisas de botones para la oficina, los bodies y los tops tipo corsé para salir, nuevos con etiqueta o de segunda. Y está la blusa de mola, cosida por mujeres gunas con dos paneles recortados a mano, uno al frente y otro atrás, que guarda su valor como ninguna blusa de mall. Antes de ir a ver cualquier pieza, pide la medida de sisa a sisa: la talla de la etiqueta cambia mucho de una marca a otra.
Blusas de tela y suéteres de punto:
la tela decide más que el estilo. La blusa es de tela plana, sin elasticidad, y toma forma con pinzas, pliegues o un corte holgado. El suéter, lo que en otros países es una camiseta, es de punto, igual que el body, y los dos se estiran con el cuerpo. La camisa de botones queda entre ambos: tela plana con cuello y puños, y la más difícil de calzar en el busto. El top corsé lleva varillas cosidas en las costuras y es más de noche que de diario. Casi todo se combina con algo de jeans o de faldas.
Hombros, botones y varillas en un top que calce:
eso pesa más que la S o la M de la etiqueta. Entallar un costado sale barato, pero una costura de hombro que cae más allá del hueso casi no tiene arreglo, así que revisa esa medida primero. En una camisa de botones, pide el busto medido con la camisa abotonada: la abertura entre botones es lo que deja tantas camisas en el clóset. El corsé tiene que coincidir en busto y en cintura, porque las varillas no ceden. El punto es el que perdona: un suéter con media talla de diferencia todavía sirve; una blusa de tela plana, no.
Axilas amarillas y cuello ondulado en una blusa usada:
son las dos marcas que envejecen una prenda antes que el color. Las blusas claras agarran bajo el brazo una mancha amarilla de desodorante y sudor que casi nunca sale. El cuello de un suéter que ya hace ondas quedó estirado para siempre. Los fruncidos y los hombros descubiertos dependen de un elástico que se vence con las lavadas, y las varillas de un corsé pueden romper su canal en el borde. La viscosa encoge si se lavó con agua caliente, así que pregunta. Al verse, pon la tela delgada contra la luz del día: ninguna foto enseña cuánto transparenta.
La blusa de mola guna, cosida en un par de paneles:
la dulemor es la blusa de diario de las mujeres gunas de Gunayala, y las molas son sus paneles de frente y espalda, hechos en pareja y montados sobre un canesú con mangas. Cada panel es aplicación inversa: de dos a siete capas de algodón superpuestas, recortadas para descubrir los colores de abajo, con cada borde doblado y cosido a mano con una puntada casi invisible. Una blusa entera puede llevar de 60 a 80 horas de costura. Por eso su precio va al revés que el de una blusa de mall. Una blusa de cadena cuesta nueva unos $20 a $40 y, ya usada, tiene que quedar por debajo de la próxima rebaja de fin de temporada para venderse. Un panel mediano cosido a mano vale por sí solo entre unos $20 y $60, y una blusa de mola usada se cotiza por sus paneles, no por lo nueva que se vea la tela. En los puestos de artesanía del Casco Viejo, las copias estampadas o a máquina se ofrecen junto a las auténticas. Busca las capas en un borde recortado, dale vuelta al panel para ver los dobleces cosidos a mano y toca la tela: la mola de verdad es de algodón, la copia muchas veces de poliéster. Que una blusa usada esté algo desteñida es normal.
Fotos y medidas de una blusa para quien no se la puede probar:
extiéndela y da el ancho de sisa a sisa y el largo desde el hombro. Fotografía con luz de día el frente, la espalda, la etiqueta de composición y cada axila por dentro. En el título pon corte, marca y talla, y si es un básico escribe suéter además de camiseta, que es como busca la gente aquí. Aclara si pasó por secadora. En una blusa de mola, di si los dos paneles son la pareja original, si alguno se descosió o se volvió a montar y cómo se ha lavado. Quien compra una mola va a querer ver el revés del panel en persona, así que queda en un sitio con buena luz y no en un estacionamiento al caer la tarde.