Veleros

Compra y vende veleros en Panamá.

Buena parte de los veleros de crucero que se venden en Panamá llegaron navegando. El país queda al sur de la ruta habitual de los huracanes, así que muchos barcos pasan la temporada en Bocas del Toro o cerca de Portobelo, y algunos dueños deciden que el viaje termina ahí. Nuevos o usados, van desde Optimist e ILCA que corren regatas en la bahía de Panamá hasta monocascos oceánicos pesados y catamaranes que conocen los fondeaderos de Guna Yala. Dónde está el barco pesa casi tanto como el precio, porque entre el Caribe y el Pacífico está el Canal.

Monocascos oceánicos, catamaranes de crucero y botes de regata:

casi todo lo que cambia de dueño cae en uno de esos tres. Los monocascos más viejos son cruceros pesados de los setenta y ochenta, entre ellos Tayana, Cape Dory y Morgan Out Island, hechos para cruzar océanos sin prisa y cargar mucho. Los más recientes, de Beneteau o Jeanneau, son más livianos, más rápidos y más amplios por dentro. Los catamaranes de Lagoon, Leopard o Fountaine Pajot dan cubierta plana, camarotes en los dos cascos y casi nada de escora, y por eso las flotas de chárter de las islas tienen tantos. En lo pequeño, el Optimist lleva a los niños por sus primeras regatas y el ILCA, que casi todos siguen llamando Laser, es el bote individual al que pasan después. Para llevarlos por carretera están los remolques para barcos; quien prefiera olvidarse de las velas estará más a gusto en barcos a motor.

Los arrecifes de Guna Yala, el Canal y el casco correcto:

las islas de Guna Yala son de coral, con fondeaderos detrás de arrecifes bajos, y ahí se nota el poco calado de un catamarán. Un monocasco ciñe mejor, va más suave con ola y cuesta menos por pie, pero su quilla lo deja fuera de algunos de esos fondeaderos. Antes que nada, fíjate en qué océano está el barco. Pasarlo del Caribe al Pacífico, o al revés, significa cruzar las esclusas del Canal, una travesía aparte que pide planificación, tiempo y dinero. Un barco en Bocas le sirve a quien piensa navegar el Caribe; para fines de semana en Las Perlas, busca en el lado Pacífico.

Un crucero de cuarenta años frente a un catamarán de veinte:

los dos extremos del mercado quedan muy lejos uno del otro. Un monocasco oceánico de 36 a 41 pies construido a finales de los setenta o en los ochenta se pide entre unos $25,000 y $60,000, mientras que un catamarán de crucero de unos cuarenta pies y veintitantos años arranca cerca de $175,000. Los catamaranes sostienen su valor porque los siguen buscando el chárter y quienes viven a bordo. Los monocascos viejos salen baratos por la edad y porque el dueño muchas veces ya volvió a su país y paga marina o varadero cada mes que el barco sigue ahí.

Jarcia firme, cadenotes y un barco que pasó meses cerrado:

los cables del mástil no avisan antes de romperse, así que pregunta en qué año se cambió la jarcia firme y revisa cada terminal prensado buscando fisuras finas u óxido en la unión. Las manchas bajo los herrajes de cubierta delatan cadenotes que filtran, y en los barcos taiwaneses con cubierta de teca esas filtraciones pudren el núcleo. Mira las velas contra la luz: el sol del trópico se come las costuras antes que la tela. Los huracanes casi nunca llegan a Panamá, pero las tormentas eléctricas sí, así que pregunta sin rodeos si al mástil le ha caído un rayo. Un catamarán que trabajó en el chárter de Guna Yala acumula más horas con huéspedes de lo que dice su edad, así que pregunta cuántas temporadas hizo chárter y revisa a fondo los motores, la cocina y los baños. Un barco cerrado por meses junta moho y agarrota las válvulas de casco, así que muévelas todas. Si es más grande que un bote ligero, sácalo del agua y paga un inspector marino antes de que se mueva el dinero.

Anunciar un velero que está en Bocas, en Portobelo o en el Pacífico:

empieza por astillero, modelo, año, eslora y calado, y luego dónde está y si está a flote o en tierra. Indica la edad de cada vela y de la jarcia, las horas del motor y el equipo que suma valor, como paneles solares, desalinizadora o piloto automático. Fotografía la sentina, el motor y las velas izadas, no solo la vista desde la bañera, y ten los papeles listos. En un bote ligero, el número de vela, el casco y las orzas son lo que una familia de regatistas va a evaluar. Quien viaje hasta Bocas o Portobelo va a querer ver las velas arriba y el motor arrancar en frío, casi siempre con un inspector al lado.