Audio

Compra y vende equipos de audio en Panamá.

En Panamá un parlante es, casi siempre, una bocina, y la que más se busca es tanto la torre con ruedas, luces y micrófono para karaoke como la pequeña Bluetooth que va a la playa. Alrededor están los audífonos, las barras de sonido para el televisor de la sala, los receptores y los tocadiscos, nuevos y usados. El sonido es lo único que una foto no enseña, así que con cualquier equipo usado queda en escucharlo al volumen al que lo vas a usar antes de pagar.

El equipo de audio según quién lo tiene que oír:

una persona, un cuarto o todo el patio. Los audífonos resuelven lo primero, desde los earbuds para el bus hasta los over-ear con cancelación de ruido para un vuelo largo. El cuarto le toca a una barra de sonido, o a un receptor con un par de bocinas de estante, casi siempre conectado a un televisor de televisión y cine. El patio es territorio de las bocinas en su versión más ruidosa. Al lado aparecen los tocadiscos y los amplificadores viejos, y quien los busca suele saber exactamente qué modelo quiere.

Torres de fiesta, corriente y el micrófono de karaoke:

las torres de la línea PartyBox de JBL y de la serie ULT de Sony son las que muchas familias panameñas sacan para cumpleaños, fines de semana de carnaval y un domingo de paseo al río, y muchas vienen con micrófono inalámbrico. Dos cosas deciden cuál te sirve. Primero la energía: algunas de las torres más grandes no tienen batería y solo funcionan enchufadas, así que no sirven para la playa. Después el micrófono: comprueba que venga en la caja y que se empareje, porque los micrófonos inalámbricos de la marca se venden aparte y reponerlos no sale barato. Una torre mediana cuesta entre $500 y $700 nueva, y las más grandes pasan de $1,200. Usada, el precio lo pone la batería. Una torre que todavía aguanta una noche entera sin enchufe conserva mucho más valor que una que ya solo funciona conectada, y una caja rayada de tanto viajar en el vagón de un pick-up dice cuánto la han trabajado.

Barra de sonido o receptor para el televisor:

la barra es una sola caja y un solo cable HDMI. Va al puerto ARC o eARC del televisor y el volumen se maneja con el control de la tele; Sony, Samsung y JBL son los nombres de siempre. Un receptor Yamaha, Denon u Onkyo con bocinas aparte ocupa más espacio y más cable, pero deja cambiar una pieza a la vez y hace sonar el tocadiscos, el reproductor de CD y la tele por el mismo par. El problema de las barras está en el subwoofer inalámbrico y las bocinas traseras: solo se emparejan con la barra con que se vendieron, así que un sub suelto vale poco para quien no tiene la barra que le corresponde.

Un receptor, tocadiscos o bocina Bluetooth usados, escuchados antes de pagar:

lleva una canción que conozcas bien y escúchala a volumen de verdad. Un receptor tiene que sonar por todas las entradas y por todos los pares de bornes de bocina. Si se apaga con un clic al subir el volumen está entrando en modo de protección, y algunos modelos viejos pierden el sonido por HDMI cuando se daña esa tarjeta, así que prueba el puerto con tu propio equipo. En un amplificador antiguo, el chasquido al girar la perilla de volumen es suciedad en el control y muchas veces se limpia; un canal muerto ya es reparación. Mira el anillo alrededor del cono de cada bocina: la espuma se desmorona con los años y el caucho aguanta. Un tocadiscos necesita una aguja sin astillar y una correa que mantenga la velocidad. En bocinas portátiles, las falsificaciones son casi siempre copias de JBL: pesan menos en la mano que la original, llevan el logo pegado sobre la rejilla en vez de moldeado en ella y el botón de encendido sobresale de la carcasa.

Fotos y un video con sonido para la bocina o la barra que vas a pasar:

un video corto a buen volumen dice más que cualquier descripción. En las fotos tienen que salir la etiqueta del modelo, el control, el subwoofer o las bocinas traseras que van con la barra, y el micrófono, los cables y el cargador. Di cuánto dura la batería hoy, no cuando era nueva, y menciona cualquier reparación o pieza cambiada. Da la altura de una torre, porque no cabe en cualquier carro. Quien viene desde La Chorrera por una va a querer oírla a todo volumen antes de subirla, así que queda en un sitio donde se pueda sin que salgan los vecinos.