Muebles De Hostelería

Compra y vende muebles para restaurantes y hoteles en Panamá.

Los muebles de restaurante y de hotel se compran por salones enteros. Un restaurante necesita sillas iguales en todas sus mesas, un hotel pide la misma cabecera para cada cuarto, y un salón de bodas en Santiago sienta a sus invitados en sillas Tiffany blancas alrededor de mesas redondas de banquete. Llegan nuevos de fabricantes e importadores, y usados de restaurantes que cierran, hoteles que remodelan y empresas de alquiler que retiran parte de su flota. Sillas de bar, reservados y literas de hostal se venden igual, por juegos. Un juego parejo vale más que las mismas piezas sueltas: pregunta cuántas iguales hay antes de preguntar el precio.

La silla de restaurante comercial y su imitación de casa:

una está hecha para arrastrarse, apilarse y trapearse alrededor cada noche, y la otra solo lo aparenta. La silla comercial tiene estructura de acero soldada por completo, o de madera dura con tacos en las esquinas bajo el asiento, se apila sin rayar la de abajo y lleva un regatón en cada pata. Las sillas de bar vienen en altura de barra y altura de mostrador, así que mide tu barra antes de enamorarte de un juego. La mesa de restaurante suele venderse como tope y base de acero o hierro fundido por separado: un tope rayado se cambia y la base se queda. Los reservados se hacen a la medida de una pared, y por eso salen baratos usados y cuesta reubicarlos. Estufas y freidoras van en equipo de cocina industrial, y la nevera de contrabarra, en refrigeradores comerciales.

Sillas Tiffany y mesas redondas del negocio de eventos:

mucho de lo que aparece en cantidad se compró para bodas, quinceañeras y cenas de empresa. La Tiffany blanca, también llamada Chiavari, es la de siempre; la crossback es la alternativa rústica, y la plegable sencilla, la más barata. Una Tiffany de resina nueva cuesta entre $50 y $60, y una empresa de alquiler cobra unos pocos dólares por silla y evento, así que cada una sale un par de docenas de veces antes de pagarse. Por eso las sillas de flota llegan a la reventa tras años de subir y bajar de camiones, y una usada se valora por lo que esa vida le dejó, no por lo ordenada que se vea la fila en la foto. La resina moldeada sobre alma de acero y el aluminio aguantan ese trato. La resina sencilla se raja donde la pata se une al asiento, y la de madera se afloja en los barrotes encolados; la de alma de acero pesa bastante más en la mano.

Cuartos de hotel y literas de hostal en series iguales:

cuando un hotel remodela, cabeceras, mesitas de noche, escritorios y portamaletas salen en juegos, uno por cuarto. Casi todo es laminado o enchapado sobre aglomerado, y el punto débil es el tapacanto, justo donde se limpia a diario: si el agua entra por debajo, el tablero se hincha y no vuelve. Un hostal en Boquete o en Pedasí que cambia sus literas las vende en pares o por cuarto; no debe faltar ningún perno y la baranda de la cama de arriba tiene que estar firme. Si van colchones, mira las costuras por si hay chinches antes de subir nada al camión.

Una silla de restaurante usada, patas arriba:

dice lo que las fotos callan. Una soldadura continua entre asiento y estructura es señal de mueble comercial; los tornillos en esa unión se siguen aflojando. Las grietas finas en la pintura alrededor de las uniones avisan de que el acero se está cansando, y un regatón que falta quiere decir que la pata ha estado raspando el piso. El vinil agrietado o pelado en asientos y reservados ha pasado años de cloro y habrá que retapizarlo. En un lote, saca sillas del medio de la pila y no las que te pusieron aparte, y balancea cada una sobre un piso plano.

El salón de un restaurante publicado como un solo lote:

se vende cuando el comprador puede organizarse. Cuenta primero, y di cuántas piezas son iguales, cuántas tienen daños y si separas el lote. Fotografía una silla por todos lados, también por debajo, y luego el juego entero. Indica material, altura del asiento, medidas de los topes y tipo de base, y si las sillas se apilan, porque de eso depende que el juego quepa en un pickup o haga falta un camión. En un reservado, el largo y si estaba fijado a la pared; en piezas de hotel, en qué piso están y si hay elevador. Quien venga a recoger a un restaurante que cierra necesita saber en qué horario está abierto el local y la fecha en que todo tiene que salir antes de entregar las llaves.