Antigüedades
Compra y vende antigüedades en Panamá.
En Panamá la herencia más antigua de una familia puede ser tanto una cadena de oro como una silla. Las prendas de la pollera, de la cadena chata a la mosqueta, pasan de abuela a nieta y salen a la venta mucho menos que los roperos de caoba y las mecedoras vienesas de esas mismas casas. Unas y otras llegan al mercado igual, cuando un anticuario renueva lo que tiene o una familia vacía una casa en David o en Penonomé, y en todas se mira cuánto queda de lo original. Aquí todo es usado por naturaleza: una pieza hecha para parecer vieja es una reproducción, y un buen anuncio lo dice.
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Roperos de caoba, mecedoras vienesas y máquinas Singer de pedal:
son lo que más sale de una casa panameña antigua. Roperos y aparadores suelen ser de caoba o cedro y valen por la madera maciza y por cuánto conservan de sus herrajes y su acabado. Las mecedoras de madera curvada con asiento de rejilla se fabricaron por millones en Austria, por Thonet y sus competidores, y se han copiado en todas partes, así que el sello bajo el aro del asiento te dice cuál tienes. Una Singer de pedal se fecha por su número de serie, y un reloj de péndulo vale mucho más con su maquinaria original. La vajilla y las figuras están en porcelana, y las piezas viejas de plata y oro que aparecen en las mismas gavetas van con las monedas.
Las prendas de la pollera que pasan de una generación a otra:
son la antigüedad más propia de Panamá. El joyero de una pollera de gala lleva varias cadenas con nombre propio: la chata con sus dos placas grabadas, la salomónica que a veces carga un par de monedas coronadas antiguas, la mosqueta con su flor de perlas o corales. Las prendas tradicionales son de oro de pocos quilates, y muchos juegos nuevos son de plata bañada, que de lejos se ve igual.
El peso del oro y la labor del orfebre:
fijan el precio de una cadena. Un juego nuevo en plata bañada anda por un par de miles de dólares, y el mismo juego en oro macizo cuesta varias veces eso, porque una sola cadena chata lleva unas cuantas decenas de gramos de metal. Usada, una cadena de oro macizo nunca vale menos que su oro, y lo que se paga por encima es la labor, que cuenta más en las placas repujadas antiguas que ya pocos orfebres hacen. Un juego bañado no tiene ese respaldo y se vende según cómo esté el baño.
Acabado original o restaurado, madera maciza o enchapado:
pesa más que la edad al escoger un mueble. El coleccionista paga por una superficie sin tocar y le rebaja a un ropero lijado y barnizado, mientras que a quien quiere sentarse cada tarde le sirve más una mecedora con la rejilla ya cambiada y las uniones apretadas. Los cantos de las puertas y el fondo de las gavetas dicen si es madera maciza o enchapado sobre un cuerpo más barato.
Comején, muebles casados y tornillos nuevos:
es lo que hay que descartar en la madera vieja. El comején de madera seca vive dentro del mueble, así que no deja túneles de barro sino montoncitos de granitos duros, como arena gruesa, en las esquinas de las gavetas o en el piso de abajo. Golpea costados y fondo: si suena hueco o como papel, está comido por dentro. Busca si está casado, la parte de arriba de una pieza sobre la base de otra, con madera de otro color o tablas de fondo distintas, y tornillos brillantes donde faltan los originales. En una mecedora vienesa, la falta de sello no prueba que sea copia, porque las etiquetas de papel se pierden, pero entonces pagas por el estilo y no por el nombre. En las prendas, mira broches y bordes, donde el baño se gasta primero y asoma el metal blanco, y haz que un joyero pruebe lo que se venda como oro.
Medidas, sellos y el interior de cada gaveta:
tienen que ir en el anuncio. Da alto, ancho y fondo y di si el mueble se desarma, porque un ropero que no cabe en el ascensor de un edificio no le sirve a nadie. Fotografía el fondo, la parte de abajo, las gavetas, los sellos y cada reparación, y cuenta qué se le hizo: rejilla nueva, otro acabado, un tratamiento contra el comején. En las prendas, da el peso en gramos, di si es oro macizo o plata bañada y cómo lo sabes, y fotografía el broche. Quien venga por un ropero de caoba va a sacar cada gaveta y alumbrar las esquinas buscando granitos, así que vacíalo antes: el comprador que no encuentra nada paga con más gusto que el que no pudo revisar.