Porcelana

Compra y vende porcelana en Panamá.

La comunidad china de Panamá es la más grande de Centroamérica y tan antigua como el ferrocarril, y en los chineros panameños la porcelana china convive con las vajillas japonesas y europeas: tibores azul y blanco, jarrones de familia rosa, tazones y juegos de té de grano de arroz. Se venden piezas nuevas y usadas, desde la taza suelta que falta en un patrón descontinuado hasta la vajilla completa para doce, los juegos de té de bone china y las figuras. El sello del fondo, el estado de los bordes y que el juego esté completo deciden casi todo lo que vale una pieza.

Un tibor chino al lado de una vajilla Noritake:

resume bien lo que guardan los chineros panameños, y cada uno se juzga distinto. La porcelana de mesa es la mayor parte: vajillas Noritake de Japón, de Rosenthal y las fábricas de Baviera en Alemania o de Limoges en Francia, y juegos de té ingleses de bone china como el Old Country Roses de Royal Albert. Los tibores, los jarrones azul y blanco y los tazones chinos de grano de arroz se juzgan por la antigüedad y la pintura a mano, no por cuántas piezas sobrevivieron. Las figuras se valoran una por una. Lo que tiene más de un siglo se juzga junto a muebles y platería en antigüedades, y los animalitos de cristal tallado, que son vidrio y no porcelana, tienen su propio lugar en Swarovski.

Bone china o porcelana dura para una mesa de diario:

es la primera decisión, y una luz fuerte dice cuál tienes en la mano. Contra la ventana, el bone china brilla color marfil y deja ver la sombra de los dedos, la porcelana dura se ve más fría y más blanca, y el gres que se vende como porcelana se queda opaco, pesa más y suena sordo al golpecito en vez de cantar. Los filos de oro o platino deciden la vida de una vajilla: chispean en el microondas y se borran en el lavaplatos, así que la dorada es para cuando hay visita y la blanca lisa para todos los días. Para el diario, escoge un patrón que se siga fabricando: la reposición se consigue rápido, y un plato descontinuado puede tardar años.

Una vajilla de filo dorado heredada:

queda muy lejos de lo que cuesta una nueva. Casi toda la porcelana nueva en las mesas panameñas viene de China, y un juego sencillo de doce piezas arranca en unos $35, mientras que una vajilla dorada de Noritake o de una casa europea cuesta miles de dólares nueva. Usada, una vajilla dorada completa rara vez pasa de unos cientos de dólares, porque pocas casas quieren hoy noventa y tantas piezas que no entran al lavaplatos ni al microondas. Lo que sí guarda su precio es la pieza que alguien anda buscando: la taza que falta, la tapa de la azucarera, la bandeja ovalada.

Las marcas de reinado en el fondo de un jarrón chino:

prueban mucho menos de lo que espera quien vende. Los alfareros chinos llevan siglos pintando las marcas de emperadores anteriores como homenaje, y una marca de seis caracteres de Kangxi o Qianlong aparece igual en un jarrón hecho hace pocos años. Juzga lo demás: un anillo del pie sin esmalte con suciedad natural y desgaste parejo, no un baño marrón ni marcas de lija; una pincelada que varía en el azul, no los puntitos planos de una calcomanía vistos con lupa; y un peso que corresponda al tamaño. La porcelana de mesa falla de forma más sencilla. Pasa el dedo por cada borde y por el pie de cada taza, y dale un toquecito con la uña: si suena claro está sana, si suena apagado tiene una grieta fina. Mira si el dorado se gastó donde se apilaban los platos. Una zona con otro brillo, o rara bajo una linterna ultravioleta, suele delatar una pieza pegada y repintada.

Una vajilla contada plato por plato:

recibe respuestas que un “juego completo” a secas nunca consigue. Detállala por tipo y di qué falta, porque las tazas se rompen mucho más que los platillos y el comprador nota el desbalance. Fotografía el sello del fondo, con el fabricante y el patrón que busca el coleccionista, muestra de cerca desportilladuras y dorado gastado, y di si iba al lavaplatos. En una pieza china, fotografía también el fondo y el anillo del pie, y describe la marca sin asignarle dinastía. Muchas de estas vajillas salen de una casa familiar en Chitré o Las Tablas cuando sus dueños se mudan a un apartamento sin chinero, y quien venga a buscarla va a golpear cada taza con la uña y voltear cada plato antes de empacar, así que tenla extendida en una mesa, con periódico a mano.