Pájaros

Encuentra y ofrece pájaros en Panamá.

Una ninfa puede vivir cerca de veinte años, y muchas duran más que la jaula con la que llegaron a la casa. A los pericos australianos y a los canarios les basta una jaula compacta; las ninfas y los agapornis necesitan una voladera más larga, y jaulas de los dos tipos se compran y se venden aquí nuevas y usadas, junto con perchas, nidos y transportadoras. A veces alguien que se muda, o que ya no puede dedicarle tiempo, busca otro hogar para un pájaro criado en cautiverio. Se entrega con su jaula, su semilla y su rutina: se pasa a otra familia, no se comercia.

Jaulas para pericos y canarios, voladeras para ninfas:

cuál necesita cada ave depende de cómo se mueve. Los pericos australianos y los canarios saltan y trepan de percha en percha, así que una pareja vive bien en una jaula compacta. Las ninfas y los agapornis, en cambio, vuelan de punta a punta. Para ellos cuenta más el largo que la altura, y una jaula alta y redonda, con barrotes que se juntan arriba, les quita el espacio que usan y puede atraparles una pata. Comederos, nidos y transportadoras tienen su propio lugar en artículos para pájaros. Antes de la jaula, piensa en el ave: un perico australiano vive casi una década, una ninfa puede llegar a los veinte años y el grito del agapornis atraviesa la pared de un apartamento en torre.

Largo, separación de barrotes y el material del alambre:

primero el largo. El ave debe poder dar al menos dos aleteos entre las perchas de cada punta, y para una pareja de ninfas eso significa bastante más de medio metro. Los barrotes no deben quedar a más de un centímetro, o el pájaro mete la cabeza y se atora. El acero inoxidable y el acero con buena pintura en polvo aguantan el picoteo. El alambre galvanizado nuevo y las jaulas viejas pintadas pueden soltar zinc o plomo, y un loro lo prueba todo con el pico.

Una jaula para empezar frente a una voladera:

una jaula chica para perico o canario cuesta unos $20 a $30 nueva, y una voladera con largo suficiente para una pareja de ninfas arranca en unos $60. La jaula chica es tan barata nueva que una de segunda mano vale poco sola y sale mejor con su pedestal y sus comederos. Una voladera con soldaduras firmes y la pintura entera conserva mucho más de su precio, porque el armazón dura más que todo lo que lleva encima. La bandeja plástica y los protectores de semilla son lo primero que se gasta y se reponen barato.

Óxido en las soldaduras y ácaros en las perchas:

pasa la mano por los barrotes y por cada esquina. Una jaula que estuvo en un balcón cerca del mar, en Colón o en Bocas del Toro, se oxida primero donde el alambre se une al marco, y la pintura en polvo que se infló ahí se va a descascarar. Óxido, escamas o polvo blanco sobre el galvanizado son razón para no llevarla, porque ahí es donde picotea el pájaro. Abre y cierra cada puerta: las ninfas y los agapornis aprenden a levantar un seguro flojo. El ácaro rojo se esconde de día en las perchas de madera y en los nidos, así que alumbra las rendijas con una linterna y cuenta con lavar la jaula y cambiar la madera.

Buscarle otro hogar a una ninfa o a un perico con su jaula:

un pájaro se adapta más rápido si llega con la jaula que conoce, la semilla de siempre y una nota sobre su día: a qué hora sale, qué fruta come, qué lo asusta. Indica especie, color, edad, si se crió a mano, cómo se sabe el sexo y el número de anillo, y entrega los papeles que trajo. Un anillo cerrado, que solo entra en la pata del pichón en sus primeros días, indica que nació en cautiverio. Antes de la entrega, mira al ave en su percha. Una sana tiene las plumas pegadas y los ojos vivos; una esponjada en el piso de la jaula, con la cola que sube y baja al respirar, necesita un veterinario, no una mudanza. Pregunta si en la casa hay gatos. Si el pájaro se escapó por una ventana, su lugar es animales perdidos y encontrados.

Fotos y medidas para anunciar una jaula:

da largo, ancho y alto, la separación de los barrotes y el material, y toma fotos de las esquinas, la bandeja y las puertas con luz de día. Aclara si el pedestal se desarma y si la jaula se pliega. Una voladera con su pedestal casi nunca cabe entera en un taxi ni en el ascensor de un edificio, y quien viene de lejos quiere saberlo antes de salir.