Zapatos De Niña
Compra y vende zapatos de niña en Panamá.
A una niña los zapatos le quedan chicos mucho antes de gastarse, y unos de fiesta a veces solo vieron dos cumpleaños. Por eso un par usado muchas veces está casi nuevo. Zapatillas con luces que todavía prenden, Crocs de personajes, zapatos de charol, sandalias y zapatitos de primeros pasos se venden nuevos o usados, desde tallas de bebé hasta las primeras de adolescente. Con los aguaceros de la tarde mojando la calle buena parte del año, muchas familias tienen un par para chapotear y otro que nunca ve la lluvia. Pídele al vendedor el largo de la plantilla antes de cuadrar dónde recogerlos.
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Zapatillas con luces y la batería sellada en el talón:
las suelas que parpadean son lo que más piden las niñas pequeñas; las más conocidas son las líneas S-Lights y Twinkle Toes de Skechers. Las luces van con pilas de botón selladas en la suela, que no se pueden cambiar; duran más o menos lo que le dure la talla y se van apagando con el uso. Muchos pares traen un botón cerca del tobillo o en la punta del velcro, y uno que parece muerto a lo mejor solo está apagado. Se limpian con un trapo húmedo, nunca en la lavadora. Las Heelys, con una rueda removible en el talón, son el otro par que más piden; la rueda se saca con una herramienta pequeña. Las versiones de varón de los mismos modelos están en zapatos de niño.
Crocs, sandalias plásticas y zapatos de fiesta, para días de lluvia y días secos:
en Panamá a las Crocs de niña se les dice chancletas, y son el par que sale en pleno aguacero, se enjuaga con la manguera y se seca en el portal. Las sandalias plásticas de marcas como Igor cumplen igual y se ven más arregladas. Los zapatos de charol y los de brillitos que acompañan un vestido de tul son lo contrario: el charol no se lleva bien con la humedad y el cuero se agrieta donde se dobla el pie. El vestido y el moño que van con ellos están en ropa de niña y accesorios de niña.
Zapatitos de primeros pasos y la prueba del doblez:
para una bebé que empieza a caminar, el zapato debe ser liviano, con una suela que se doble fácil cerca de los dedos y no por la mitad, y con la punta más ancha que el talón, igual que su pie. Los de suela dura y charol son para la foto, no para aprender a caminar. En pocos meses ya no le van a quedar, así que un par usado pero casi nuevo tiene aquí más sentido que en ningún otro lado.
Lo que valen usadas unas zapatillas con luces o unas Crocs de niña:
nuevas, unas Skechers de niña andan entre $30 y $40, y unas Crocs de personajes, con Bluey o Minnie en la correa, entre $35 y $55. Las Crocs se revenden mejor: un zueco moldeado casi no tiene qué gastarse, y un par limpio que le quedó chico rápido conserva buena parte de lo que costó. Unas con luces que ya no prenden valen lo mismo que cualquier otra zapatilla.
Charol, Crocs y Heelys después de una dueña:
antes que nada, mira por dentro y huele un par de cuero o de charol. Los zapatos guardados en un clóset húmedo crían un polvillo blanco o verdoso de moho en el forro, y suele volver. Las Crocs que se quedaron en un carro caliente o se secaron al sol pueden encogerse y deformarse, así que mídelas contra su pie en vez de fiarte del número. Las originales llevan la marca y la talla en relieve en la suela, se doblan fácil y casi no pesan; las copias se sienten más tiesas y pesadas. En cualquier zapatilla, si la plantilla trae marcados hondo los dedos de otra niña, la amortiguación ya se fue. En las Heelys, gira cada rueda y escucha si raspa, y pregunta si viene la herramienta para sacarlas.
El par que le quedó chico antes de gastarse, medido y fotografiado:
mide la plantilla en centímetros y ponla junto a la talla de la etiqueta, porque los papás compran por el pie, no por el número. Fotografía con luz de día los costados, las suelas y el interior. Si tienen luces, graba un video corto prendiéndolas y aclara si traen botón; si son Crocs, di si incluyen los Jibbitz. Avisa desde el principio de una punta raspada, un olor o una correa arreglada. Los de fiesta usados una o dos veces salen mejor con su caja, y la familia que viene desde Arraiján o Colón a buscarlos va a querer que la niña se los pruebe ahí mismo, así que queden en un lugar donde pueda dar unos pasos.