Ropa De Niña
Compra y vende ropa de niña en Panamá.
La ropa de niña casi nunca se gasta antes de dejar de quedarle, así que lo que a una ya le queda chiquito suele tener una o dos temporadas más para otra. Se anuncian piezas nuevas y usadas: conjuntos de talla 2T, vestidos de algodón para el diario, piezas de uniforme, vestidos de fiesta y también las polleras y blusas de mola en talla de niña que se lucen en los actos folclóricos del colegio. Casi todo viene con talla americana. Publican desde familias que vacían el clóset hasta boutiques con mercancía nueva, y quien compra les escribe directo para pedir medidas antes de ir a buscar la ropa.
La ropa de diario de niña y la talla americana:
en las tiendas infantiles de Panamá mandan las marcas estadounidenses como Carter’s y OshKosh, así que la etiqueta va de 2T a 5T y luego de la 4 a la 16, a veces marcada como CH, M, G y XG. Las marcas españolas como Mayoral tallan por edad, y las dos tablas no cuadran exactas. Pregunta la estatura en vez de fiarte del número: en la tabla de Carter’s, una G (8/10) le queda a una niña de unos 128 a 140 cm. Un vestido con tirantes ajustables o pecho de nido de abeja aguanta una temporada más; una blusa entallada, no. Las sandalias y los zapatos escolares están en zapatos de niña.
Polleras, molas y naguas en talla de niña:
la pieza más panameña de su clóset es la pollera, que lleva camisa y pollerón sobre las enaguas. La montuna, de algodón estampado como la zaraza, es la versión folclórica que se baila en las presentaciones del colegio; la de gala es de algodón blanco con labor a mano, zurcida, marcada o de talco, y encaje de mundillo, la que dio fama a Las Tablas. La blusa de mola guna, con paneles de aplicación inversa cosidos a mano por delante y por detrás, también se hace en talla de niña, igual que la nagua ngäbe, el vestido largo con franjas geométricas que puede ir cosido a mano o a máquina. Los tembleques, las peinetas y el resto del tocado van en accesorios de niña.
La pollera de niña, alquilada para el día o comprada para guardar:
muchas familias la alquilan. Un juego completo de algodón, con camisa, pollera y enaguas, para niña de siete a diez años se consigue desde unos $25 por día, y alquilar uno de gala para el evento sale bastante más caro. Comprarla es otra escala: una pollera de gala con labor a mano en talla de niña sigue costando miles de dólares aun usada, porque la labor lleva meses. Por eso conviene anunciar un juego de gala bien cuidado cuando ya no le quede, y comprarlo tiene sentido sobre todo si después lo hereda una hermana menor. Con la ropa de diario pasa lo contrario: las rebajas de fin de temporada son fuertes, y un vestido usado en buen estado se vende por unos $10.
Leggings, vestidos de fiesta, uniformes y polleras ya usados:
la ropa de diario se gasta primero en las rodillas de los leggings, las axilas de las blusas entalladas y el elástico de la pretina: estíralo y suéltalo, y si queda ondulado ya perdió fuerza. En un vestido de fiesta, corre el zíper completo y busca hilos jalados en el tul. Un uniforme con el escudo de un colegio solo les sirve a las familias de ese plantel; mira cuánto ruedo queda para soltar y si el escudo es bordado o termoadhesivo, que se despega con las lavadas. En una pollera, revisa si el algodón blanco está percudido en los dobleces y pide ver el revés de la labor: la hecha a mano muestra puntadas pequeñas y algo disparejas, mientras que la bordada a máquina o estampada se ve perfectamente pareja. La misma prueba sirve con la mola: la aplicación inversa auténtica deja ver por detrás los bordes doblados y cosidos a mano, y una copia estampada no muestra nada.
Lotes por talla y el nombre del colegio en el uniforme:
las familias quieren resolver una talla entera de una vez, así que “talla 6: ocho vestidos y tres conjuntos de short” se mueve más rápido que una pieza suelta. Fotografía cada prenda extendida con luz de día, por delante, por detrás y la etiqueta, y da el ancho de pecho y el largo en centímetros. En el título de un uniforme pon el colegio y los grados. Si es una pollera, enumera cada pieza del juego, aclara si la labor es a mano o a máquina y tómale fotos de cerca: la familia que viene desde Chitré o David a ver un juego de gala te las va a pedir antes de salir.