Barbie
Compra y vende muñecas Barbie en Panamá.
Un lote de Barbie que sale de una casa panameña casi nunca es una sola muñeca. Lo normal es una bolsa entera con los zapatos revueltos, uno o dos Ken, el convertible rosado y, con suerte, la casa de los sueños. Las nuevas vienen selladas en su caja con ventana, las usadas sueltas o por bolsa, y las de colección, como la línea Signature, deberían seguir en su empaque. Cuando una niña en David o Santiago deja atrás sus Barbie, casi siempre salen juntas, así que pregunta cuántas piezas trae de verdad cada set antes de quedar para recogerlo.
Fashionistas, Made to Move y la caja Signature:
tres tipos de Barbie que en el estante se ven iguales y se juegan muy distinto. Las Fashionistas son la línea de diario, con una sola muda y un número en la caja, y son casi todo lote usado. Las Made to Move doblan rodillas, caderas, codos y muñecas: se arrodillan, montan a caballo o pedalean la bici de la que una de piernas tiesas se resbala. Barbie Extra, de pelo enorme, ropa llamativa y mascotita, es para peinar y vestir. Las Signature son para coleccionistas adultos que las guardan en caja, y las antiguas de la época de la cola de caballo son un mercado aparte. Alrededor andan Ken, la pequeña Chelsea, tan chiquita que no le sirve la ropa de nadie, y los sets, del convertible al Dream Camper y la casa de los sueños. La de cabeza grandota y zapatos de plataforma es una de las Bratz, y si la niña pide un personaje de película, búscalo entre las princesas de Disney.
Una muñeca para posar, otra para peinar o una casa que pide su rincón:
la niña que arma historias con el caballo y el camper necesita una Made to Move, porque una Fashionista básica no se sienta en ninguno. La que sobre todo cambia ropa y peina queda igual de contenta con Fashionistas o Extra, por menos. La casa de los sueños es la decisión grande: armada, queda más alta que casi cualquier niño de kínder y pide un rincón del cuarto para ella sola, así que mide antes de ir a buscarla.
La casa de los sueños y la caja de colección, en dólares:
la casa es la única compra de Barbie que se pone seria. Nueva en una juguetería panameña, la Dreamhouse de tres pisos ronda los $250 a $300, y pedirla por casillero le suma el flete de una caja enorme, que te ahorras con una que ya está aquí. Una usada y completa, con elevador, luces y sonidos funcionando y todos sus muebles, se mueve entre $120 y $170: el cascarón casi no envejece, y lo que baja el precio es el riesgo de que falten piezas. Las de colección siguen su propia regla, y una que nunca salió de la caja vale varias veces lo que la misma muñeca abierta.
Orejas verdes, pies mordidos y un elevador cansado:
son las marcas de siempre en una Barbie de segunda. Empieza por manos y pies, que son los que agarran los niños chiquitos y los cachorros, y un pie mordido ya no sostiene el zapato. En las antiguas que usaron aretes de metal, la mancha verde alrededor de la oreja es el metal reaccionando con el vinil, y no sale al lavarla. Revisa que el pelo siga implantado, que la cabeza esté firme en el cuello y que una Made to Move aguante cada pose. Una imitación se siente liviana y hueca, con pelo ralo y la cara impresa un poco corrida. En una casa de los sueños o un Dream Camper, abre el compartimiento de las baterías por si hay sulfato, sube y baja el elevador y cuenta los muebles contra la foto de la caja. En una de colección la caja carga buena parte del valor: esquinas aplastadas, una ventana opaca o un sello cortado pesan tanto como la muñeca.
Fotos para un lote de Barbie o una casa de los sueños:
ordena las muñecas antes de sacar el celular. Los cuerpos Made to Move merecen su propia línea en el anuncio, porque los coleccionistas los buscan, y una Signature o una antigua merece un anuncio aparte, con la caja por todos sus lados y el sello a la vista. Fotografía cada cara con luz de día y la ropa y los zapatos extendidos sobre una sábana lisa, y di si a alguna le cortaron el pelo y qué piezas le faltan a cada set. De la casa de los sueños, aclara si sigue armada y si se desarma para el viaje. Quien viene desde Arraiján o Colón quiere saber si cabe en un carro con los asientos de atrás abatidos antes de salir, no parado ya en tu puerta.