Almacenamiento De Cocina

Compra y vende envases y organizadores de cocina en Panamá.

En Panamá el arroz va a la mesa casi a diario y entra a la casa por bolsa, así que el contenedor que lo guarda seco y sin gorgojos se gana su sitio antes que nada. A su lado van los envases de vidrio y de plástico que llevan el arroz con pollo de anoche a la oficina, los botes de tapa a presión para la harina y los organizadores que hacen útil un gabinete estrecho, nuevos y usados. Aquí la tapa es lo que se compra: un envase que ya no cierra es un tazón, así que prueba cada uno antes de llevarte el juego.

Contenedores para arroz que reciben la bolsa entera:

en una casa donde se cocina arroz todos los días, conviene vaciar la bolsa en un contenedor bien cerrado en vez de dejarla enrollada en la alacena, donde los gorgojos y las hormigas llegan primero. Los de tapa con su medidor son los más sencillos; los dispensadores que sirven por una boquilla evitan meter la mano en el arroz. La harina, el azúcar, los frijoles y el café van en botes más pequeños, y los de botón a presión que popularizó OXO cierran con un toque y se apilan en cuadro, así que la repisa rinde más que con frascos redondos. Si horneas, los moldes que se llenan con esa harina están en hornear.

Envases de vidrio o de plástico para la refri y la lonchera:

los juegos de vidrio de Pyrex o Glasslock, con anillo de silicona y cuatro pestañas en la tapa, pasan de la refri al microondas, no se tiñen con el achiote ni con el tomate ni guardan olor a sofrito. Pesan y se quiebran. Los de plástico, de Rubbermaid o Snapware, son livianos para llevarlos al trabajo a diario, pero se manchan, se quedan con el olor a cebolla y se deforman si van en la parte baja del lavaplatos o pasan mucho rato en el microondas. Los cuadrados y rectangulares se apilan y aprovechan mejor la refri que los redondos. Para recibir visitas, mejor pasar la comida a una fuente de artículos para servir.

Organizadores a la medida del gabinete, no de la foto:

una bandeja giratoria vuelve útil el gabinete de esquina, un elevador duplica una repisa baja y las canastas apilables evitan que los paquetes se vayan al fondo. Los especieros vienen para pared, para colgar en la puerta o como inserto que se acuesta en la gaveta. Mide el interior de la gaveta antes de comprar un cubiertero, y mide alrededor del tubo antes de comprar un organizador deslizable para debajo del fregador, que es justo donde la mayoría no cabe. Las tapas de las ollas se quedan con ollas y sartenes.

Un juego de envases vale lo que valen sus tapas:

un juego de cuatro envases de vidrio con tapa de pestañas cuesta menos de $15 nuevo, así que a uno usado común le queda poco margen: tómalo cuando están todas las tapas y todas cierran, porque si no, nuevo cuesta casi lo mismo. Los botes de marca con botón a presión son el caso contrario. Un juego completo puede pasar de $100 nuevo, las tapas son lo caro de reponer, y uno completo con los botones funcionando conserva buena parte de ese valor de segunda mano, mientras que una sola tapa perdida le quita bastante.

Pestañas, sellos y manchas en un envase usado:

abre y cierra cada pestaña de una tapa de vidrio, porque se rajan en la bisagra mucho antes de que falle el vidrio. Saca el anillo de silicona de su ranura: si lo que queda debajo está gris y pegado, la tapa nunca se desarmó para lavarla. Después llena el envase de agua, ciérralo y voltéalo sobre el fregador; si gotea, el sello ya no sirve. En un bote de botón, presiónalo y levántalo solo por la tapa, que tiene que aguantar. Busca desportilladuras en el borde del vidrio y grietas en estrella en el fondo. Las manchas anaranjadas y el olor que no se va del plástico son para siempre, y una base que se tambalea en el mostrador se deformó con el calor.

Una alacena de envases, fotografiada con las tapas puestas:

empareja cada base con su tapa antes de publicar, di cuántos pares completos hay y fotografíalos apilados y cerrados para que se vea que encajan. Indica la marca, que suele venir grabada en el fondo. Cuenta si fueron al microondas y al lavaplatos, y enseña cualquier mancha en vez de esconderla. En organizadores y especieros, da las medidas exteriores para que la gente revise su gabinete antes. Quien venga desde Arraiján por un contenedor de arroz va a querer cerrarlo de golpe y voltearlo antes de pagar, así que llévalo vacío, seco y con el medidor adentro.