Vasos & Bar

Compra y vende vasos, copas y utensilios de bar en Panamá.

En Panamá el termo es ese vaso térmico con asa y carrizo que acompaña a medio mundo de la oficina a la playa, y a su lado están la cristalería y los utensilios de bar que pide un trago en casa, nuevos y usados. Aparecen vasos altos para la Chichita Panamá, vasos bajos y pesados para el seco con vaca, cocteleras para un seco sour y juegos de copas de cristal que salen de la vitrina de la familia. Los termos Stanley y Yeti originales se copian muchísimo, así que conviene saber distinguirlos antes de soltar la plata.

Un vaso alto para la Chichita Panamá y una copa para el vino:

la forma del vaso la pone el trago. Los vasos altos reciben las mezclas largas con hielo, mientras que el vaso bajo de fondo grueso le va al seco con vaca o a un trago solo, y una jarra de vidrio grueso mantiene fría una Balboa más tiempo que un vaso fino. La copa se toma por el tallo para que la mano no caliente el vino: cáliz ancho para el tinto, más cerrado para el blanco y flauta para el espumante. Los juegos de diario de marcas como Libbey son de vidrio prensado y aguantan golpes; el cristal de Bohemia y las copas Riedel son más finos, suenan al tocarlos y se quiebran con más facilidad. Las tazas de café con su plato van con la vajilla.

Cocteleras que siguen cerrando bien cuando están heladas:

un bar en casa se arma con pocas herramientas. La coctelera de tres piezas, con colador y tapita incorporados, es la fácil para empezar, aunque la tapa se puede trabar cuando el metal se enfría. Los bartenders prefieren la Boston, de dos piezas: un vaso grande de metal donde encaja otro más pequeño, que pide un colador aparte pero se abre con un golpecito. Súmale un jigger para medir, un macerador para machacar limón o hierbabuena y, si recibes gente, una cubeta para hielo con pinzas. Un paño de lino o de microfibra de paños de cocina y mantelerías deja los vasos brillantes y sin pelusa.

Por qué el termo Stanley original es el que todos copian:

un termo Stanley o Yeti original de tamaño grande cuesta en Panamá entre $45 y $60 nuevo, según la capacidad y la tapa, y justo esa plata es la que la copia busca recortar. Uno “nuevo” que ofrecen por una fracción de eso casi nunca es original. Un original usado vale por lo que tiene adentro: si conserva el vacío y la tapa está completa, la pintura raspada no le quita nada al rendimiento, y el precio debería reflejar el desgaste, no el logo. El vidrio prensado de diario es tan barato nuevo que, en cristalería, la plata de segunda mano se va a los juegos completos de cristal.

Cuando un vaso opaco solo está sucio:

frota la parte opaca con vinagre o jugo de limón, déjalo unos minutos y enjuaga. Si queda transparente, era sarro del agua y el vaso está bien; si sigue opaco, el detergente del lavaplatos lo corroyó para siempre. Pasa la yema del dedo por cada borde buscando desportilladuras, y en las copas mira bien donde el tallo se une al cáliz, que es donde nacen las grietas finas. Para comprobar si es cristal, dale un toque al borde con la uña: el cristal sigue sonando y pesa en la mano, el vidrio común da un golpe seco. Con un termo, llénalo de hielo y agua y espera. Si por fuera suda o se siente frío, perdió el vacío, casi siempre por una caída. Revisa que el anillo de silicona de la tapa no tenga moho negro. Las copias se delatan en los detalles: el logo muy abajo o torcido, palabras mal escritas, grabados toscos o ausentes en la base, un cuerpo liviano y una tapa que no encaja con un clic limpio.

Antes de envolver las copas para el comprador:

fotografía el juego reunido con luz de día, con un vaso a contraluz frente a una ventana para que se vea la transparencia, y aclara si está completo. Cuenta si los vasos vivieron en el lavaplatos o en la vitrina, y menciona cualquier desportilladura, por pequeña que sea, porque la van a encontrar. En un termo, muestra la base, la tapa abierta y cerrada y el carrizo, y di si alguna vez se cayó. Quien te vea en David para llevarse un termo va a querer llenarlo de agua con hielo ahí mismo, así que lleva una bolsa de hielo; las copas viajan mejor envueltas una por una y paradas en una caja con divisiones, como vinieron.