Peluches

Compra y vende peluches en Panamá.

Los peluches van desde el Stitch sin el que un niño no se duerme hasta el Squishmallow que vive en una repisa con su etiqueta colgante, y desde el osito de graduación con birrete hasta el oso de regalo más alto que quien lo recibió. Hay nuevos y usados, y los usados son de dos clases muy distintas: unos se abrazaron durante años y otros nunca salieron del celofán. Los ositos clásicos y los animales realistas tienen su sitio en animales de peluche. En Panamá, muchos de los pequeños son ositos de graduación del kínder o de sexto grado, y suelen aparecer varios juntos en una bolsa.

Cada peluche se elige pensando en alguien:

un niño apegado a un personaje, un coleccionista detrás de un nombre concreto o quien busca un regalo que llene una esquina. Los de personajes con licencia, como Stitch, Pikachu o los de Sanrio y Disney, se compran por el personaje, y casi ningún niño se fija si es oficial. Los coleccionables van por otro lado. Squishmallows, Jellycat y los Beanie Boos de Ty tienen seguidores adolescentes y adultos que se saben cada nombre y cuáles escasean: ahí la etiqueta y la versión exacta pesan tanto como el muñeco. Los osos y unicornios gigantes son primero regalo y después juguete. Los ositos clásicos y los animales realistas están en animales de peluche, y una muñeca de cuerpo blando va con las muñecas.

Ojos bordados en el peluche de un bebé:

escoge esos y no los ojos de plástico a presión, sin cintas, botones ni cuentas, y con costuras que aguanten un buen jalón en el cuello y las patas. Un sonajero suave o un libro de tela para los primeros meses encaja mejor en juguetes para niños pequeños. A los más grandes les rinde más un peluche que habla, canta o camina, pero lo que lleva compartimiento de pilas solo se limpia por fuera.

El oso gigante es el que más precio pierde:

nuevo, uno de alrededor de 1,4 metros ronda los $50, y un Stitch con licencia o un unicornio mediano de unas 12 pulgadas anda entre $12 y $25. Usado, el oso gigante se va por una pequeña parte de eso: nadie ve cómo está el relleno, hace falta un carro para moverlo y casi todos los dueños solo quieren recuperar el sillón. Los coleccionables van al revés: un Squishmallow o un Jellycat con sus dos etiquetas, de un personaje que ya no se fabrica, puede venderse por más que nuevo, y el mismo muñeco sin la etiqueta colgante se vende como cualquier otro. Los Beanie Babies viejos de Ty desmienten su fama, porque los “errores” de la etiqueta o del poema no suman nada y la mayoría cambia de manos por muy poco.

Un peluche que pasó por la lavadora:

se delata en el relleno, con grumos o aplastado, y un pelo áspero al tacto pasó por una secadora caliente, que derrite en parte las fibras sintéticas. Huélelo también: el peluche guarda el humo, el perfume y el olor a mascota, y nada de eso sale en la foto. Revisa las costuras bajo los brazos y en la base, jala cada ojo y, si suena, abre el compartimiento de las pilas: una costra verde o blanca en los contactos significa que una pila se sulfató adentro.

Copias de Squishmallows y Jellycat:

en los coleccionables el riesgo es la copia más que el desgaste. Un Squishmallow original nombra a Kellytoy o Jazwares en sus etiquetas y trae una etiqueta colgante además de las cosidas. Un Jellycat original lleva una etiqueta de cartón con un código de estilo igual al de la etiqueta de tela, y solo existe en los tamaños que la marca fabrica de verdad. Un personaje raro sin etiquetas, al precio de uno común, es copia hasta que se demuestre lo contrario.

La etiqueta cosida de un peluche:

es lo que un coleccionista amplía para saber si es original, así que fotografíala con luz de día y lo bastante cerca para que se lea, junto con el frente, la espalda y la altura en centímetros. Antes de limpiarlo, lee la etiqueta de cuidado: muchas dicen que solo se limpia por fuera, y un paño húmedo y un día a la sombra suelen ser el límite honesto. Di si viene de una casa sin fumadores y si un niño jugó con él o pasó su vida en una repisa. Los ositos de graduación y los peluches chicos de personajes salen mejor en una sola bolsa que uno por uno. Si es un oso gigante, avísale a quien viene desde Colón o David, antes de que salga, que ocupa todo el asiento de atrás del carro, y tenlo listo dentro de una bolsa de basura limpia para protegerlo del polvo.