Pascua
Compra y vende artículos de Pascua en Panamá.
En Panamá el Domingo de Resurrección cierra una semana intensa: procesiones en el Casco Antiguo, un Viernes Santo con casi todo cerrado y, en Colón, el bon, el pan dulce afroantillano con frutas y canela que muchas familias hornean para vender en Semana Santa. Lo que pasa de mano en mano después es lo de esa mañana: los huevitos plásticos rellenables y las canastas de la búsqueda de huevos, las orejas de conejo y algún que otro disfraz completo de conejo de Pascua, los sombreros de domingo y los crucifijos e imágenes que acompañan el altar de la casa en Cuaresma. Todo puede anunciarse aquí, nuevo o usado.
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Huevitos, canastas y el disfraz de conejo de Pascua:
hacen casi todo el trabajo el Domingo de Resurrección. Los huevitos plásticos rellenables vienen en dos mitades sueltas o con bisagra, y los de bisagra aguantan más búsquedas porque las mitades no se pierden en la grama. El disfraz completo, un enterizo de peluche talla única con cabeza de foam, suele ser de empresas de fiestas que lo alquilan para las búsquedas de huevos de colegios, iglesias y residenciales, y comparte clóset con los de Halloween.
Crucifijos, imágenes y el altar de Semana Santa:
son el lado devoto de la Pascua. Crucifijos, rosarios e imágenes de Jesús Nazareno o de la Dolorosa, las dos figuras que encabezan las procesiones panameñas, cambian de casa en resina, en yeso o, las más antiguas, en madera tallada. Las palmas del Domingo de Ramos son la excepción: se bendicen en la puerta de la iglesia y se tejen frescas, y nadie las guarda para vender. Las figuras del nacimiento de diciembre están en Navidad. En las congregaciones afroantillanas la mañana de Pascua es de sombrero y traje, y un buen sombrero dura años.
Una cabeza de conejo por la que se vea, y huevitos que no se abran:
la cabeza decide si el disfraz sirve: busca una de foam con una malla ancha para ver, porque quien lo lleva pasa la mañana con niños colgándose de las patas. Al ser talla única le queda a un rango corto de estaturas, así que conviene que se lo pruebe quien lo va a usar. En los huevitos manda el tamaño más que el color: en los grandes cabe un juguetito, y los más pequeños encuentran mejor los grandes y de colores fuertes. La canasta de asa rígida la carga solo un niño de prekínder; la de mimbre con asa floja acaba en brazos de un adulto.
Un disfraz de conejo frente a una bolsa de huevitos:
un disfraz completo de conejo con su cabeza de foam cuesta cerca de $200 nuevo en Panamá, la única compra grande de la mañana. Usado y en buen estado debería venderse entre $80 y $120. Baja tanto porque la cabeza es lo que se gasta, y por foto nadie ve su interior ni sabe cómo huele. Con las canastas pasa al revés: una decorada puede pasar de $30 nueva, y una usada firme con grama de papel nueva cumple igual. Los huevitos plásticos cuestan tan poco nuevos que de segunda se mueven en lotes grandes, no de a poquito.
Revisar la cabeza de un conejo, un santo de madera y la bisagra de un huevito:
pide al vendedor una foto del interior de la cabeza. Foam que se desmorona, malla de los ojos rota o correa de la barbilla rajada son las fallas que jubilan un disfraz, y el peluche apelmazado en las patas dice cuántas búsquedas lleva. En una imagen de madera tallada, busca agujeritos y un polvillo fino en la base, señal de comején o polilla, y confirma que vengan las piezas sueltas, como la corona, el resplandor o la cruz. Abre unos cuantos huevitos: las bisagras partidas y las mitades que ya no calzan son comunes tras una temporada en la caja. El chocolate, solo sellado y con la fecha a la vista.
Anunciar lo de Pascua entre el Miércoles de Ceniza y el Jueves Santo:
la Pascua cambia de fecha cada año, entre finales de marzo y finales de abril, y la gente busca desde que termina el Carnaval hasta el Jueves Santo, cuando el país empieza a cerrar por el Viernes Santo, así que publica la semana en que acaba el Carnaval. Fotografía el disfraz puesto y la cabeza por dentro, y di la estatura de quien lo usó y si está lavado. En una imagen, indica la altura, el material y si fue repintada, y fotografía la espalda. Las familias que hornean bon en Colón venden mejor abriendo pedidos a inicios de la Semana Santa, con retiro antes del viernes. Los huevitos salen más rápido en un solo lote contado y con la canasta, porque quien arma la búsqueda en la piscina del residencial necesita ese número antes de decidir a cuántos niños invita.