San Valentín

Compra y vende regalos de San Valentín en Panamá.

En Panamá el Día del Amor y la Amistad cae en plenas vacaciones de verano y, algunos años, en el mismo fin de semana de Carnaval, así que muchos regalos se entregan unos días antes. El oso de peluche gigante sigue siendo el clásico, y unos cuantos vuelven a cambiar de dueño cuando se acaba la relación que los trajo. A su lado aparecen, nuevos y usados, las rosas eternas en cúpula de vidrio, las letras luminosas LOVE para una pedida de mano, los letreros de neón LED y los globos metalizados, además de los desayunos sorpresa que preparan cocinas caseras para la mañana del catorce.

Osos de peluche gigantes que duran más que la cena:

el que mide lo mismo que quien lo recibe sigue siendo el regalo estrella, y lo que separa uno bueno de uno barato es el pelo y el relleno. La felpa corta y tupida se cepilla fácil; el pelo largo se apelmaza y junta polvo en pocos meses. Muchos se venden también como piel sin relleno con cierre en la espalda, fáciles de mandar al otro lado de la ciudad y de lavar. La rosa eterna es una rosa de verdad tratada para que dure muchos meses en vez de una semana, suelta en caja o sellada bajo una cúpula de vidrio, a veces con lucecitas. Para una pedida de mano o la terraza de un restaurante están las letras LOVE con bombillos y los letreros de neón LED en letra cursiva, que se alquilan y se revenden más de lo que se quedan puestos en una casa. Son las mismas letras que forman el año nuevo en una fiesta de Año Nuevo.

San Valentín en fin de semana de Carnaval:

el catorce cae en vacaciones escolares, en vísperas de la quincena, y el Carnaval se mueve con la Semana Santa: hay años en que los desfiles de Las Tablas y Penonomé arrancan ese mismo fin de semana y otros en que San Valentín cae ya en Cuaresma. Cuando coinciden, las parejas que se van para el interior se dan los regalos antes de salir, y lo voluminoso tiene que entregarse a inicios de semana. Las cúpulas y los osos medianos tienen segunda temporada en el Día de la Madre, el día de la Inmaculada a comienzos de diciembre, y por eso también salen entre los regalos de Navidad.

El precio de un oso gigante el quince de febrero:

una fracción de lo que costaba la semana anterior. Nuevo, un oso de más de un metro arranca en unos $50 en Panamá, y uno bien hecho, de felpa tupida, pasa de $120. Usado, el mismo oso sale entre $20 y $40, y la caída casi no tiene que ver con el desgaste: ocupa mucho espacio y nadie paga casi lo de nuevo por un peluche que puede oler al cuarto de otra persona. La rosa eterna pierde todavía más, porque el color se viene apagando desde el día en que la trataron, así que una cúpula usada se vende por poco, haya costado lo que haya costado.

Cierre, relleno y pelo en un oso usado:

primero huélelo y después dale la vuelta. Si tiene cierre, ábrelo y saca un puñado de relleno: tiene que esponjarse, no salir en grumos grises. Aprieta la panza y las patas buscando partes aplastadas donde el relleno se compactó, y revisa las costuras bajo los brazos y alrededor del cuello, las primeras que se abren en un oso arrastrado de una pata. En una cúpula, fíjate si los pétalos se ven transparentes o si el tinte manchó la base, señales de que estuvo en un lugar húmedo, y comprueba que las luces prendan. En las letras con bombillos hay que probar cada bombillo y revisar el cable donde entra al marco, y un letrero de neón tiene que venir con su adaptador.

El oso de la ruptura y la cocina de desayunos sorpresa:

cada uno se vende por detalles distintos. Para un oso, da la altura de pie, fotografíalo con luz de día al lado de una puerta para que se entienda el tamaño, di si tiene cierre y cuenta con honestidad si en la casa hay mascotas o se fuma. Publicarlo la última semana de enero agarra a los compradores antes del corre corre; el quince ya nadie lo quiere. Las cocinas caseras de desayunos sorpresa y ramos de globos deben indicar a qué zonas entregan, qué trae cada caja y hasta qué día toman pedidos, y si adelantan la entrega cuando el Carnaval cae el catorce. Un oso gigante se va en el asiento de atrás y no en la maleta del carro, así que quien venga por él tiene que llegar con ese asiento libre.