Congeladores
Compra y vende congeladores en Panamá.
En muchas casas panameñas el congelador es tanto negocio como electrodoméstico: un horizontal en el patio lleno de duros de nance, maracuyá o tamarindo que se venden en la reja a los pelaos de la calle. Otros guardan el pescado de un fin de semana en Pedasí o la carne comprada al por mayor para el mes. Nuevos o de segunda, aquí van desde el horizontal chico hasta el vertical con repisas y el exhibidor de tapa de vidrio donde la tienda de la esquina tiene las paletas. Dónde va a estar pesa tanto como el tamaño, porque un segundo congelador casi nunca encuentra sitio en la cocina.
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Congelador horizontal, vertical y el exhibidor de tapa de vidrio:
el horizontal, el de tapa arriba, es el que tienen casi todas las casas y negocios caseros. Rinde más espacio por la plata y guarda el frío al abrirlo, porque el aire frío baja; a cambio hay que descongelarlo a mano y escarbar por lo primero que entró. Muchos se venden de doble acción, con un selector que lo vuelve enfriador de sodas y cervezas para una fiesta o una tienda. El vertical se para como una refri, con repisas, ocupa menos piso y muchas veces es no frost, pero bota el frío cada vez que se abre la puerta. Es el complemento de las refrigeradoras de congelador arriba cuando ese congelador ya no da abasto. Los comerciales son familia aparte: horizontales de dos tapas para carne y pescado, exhibidores con tapa de vidrio para helados y paletas, y verticales de acero inoxidable para la cocina de un restaurante.
La clase T de la etiqueta y el congelador en el patio:
un segundo congelador se va a la lavandería, a la cochera o al patio techado, con un calor de tarde que un equipo pensado para clima templado no espera. La placa de datos de atrás indica la clase climática, y la T, de tropical, es la diseñada para seguir congelando con ese calor. Ponlo a la sombra y con un palmo de aire alrededor, porque bota el calor por las paredes. Para duros, que se licúan con pulpa de fruta en las licuadoras y exprimidores y se amarran en bolsitas, pesan más las canastas planas y la tapa con llave que una pantalla digital.
El horizontal chico de la casa frente al grande de negocio:
uno de cinco a siete pies cúbicos cuesta entre $150 y $250 nuevo, mientras que los grandes de 18 pies cúbicos para arriba, los que sostienen un negocio de duros, rondan los $550 a $700. El vertical sale bastante más caro por el mismo espacio: se pagan las repisas y el no frost. En segunda, el ahorro está en los grandes: uno con años de trabajo en un negocio puede salir por poco más que un horizontal chico nuevo, porque el comprador le apuesta al compresor y al empaque. En uno chico queda tan poco margen debajo del precio nuevo que unos años de uso se comen casi todo el ahorro.
Paredes tibias, óxido abajo y un empaque cansado:
en la mayoría de los horizontales el condensador va por dentro de las paredes, así que unos lados tibios mientras trabaja son normales. La mala señal es el óxido. La pintura ampollada en los bordes de abajo, típica de los que estuvieron sobre el piso mojado de un patio, puede comerse la lámina hasta ese tubo, y una fuga ahí no vale la pena repararla. Cierra la tapa sobre una hoja de papel en varios puntos: si sale fácil, está entrando aire caliente, y una escarcha gruesa que crece en una sola esquina dice lo mismo. La prueba que cuenta es el frío. Pídele al vendedor que lo prenda desde el día anterior y busca algo bien congelado cuando llegues. Un compresor que prende y apaga a cada rato, o que nunca descansa, tiene un problema que la pintura no enseña. Si lleva el logo de una marca de helados, puede que esa marca lo haya puesto en una tienda en préstamo, así que pregunta cómo llegó a manos de quien lo vende.
Entregar un congelador que lleva prendido desde ayer:
es la forma más fácil de venderlo: el comprador siente el frío con la mano. Pon en el título la marca, los pies cúbicos, si es horizontal o vertical y si es de doble acción. Fotografíalo descongelado, abierto y vacío, luego el empaque, las esquinas de abajo y la placa con el modelo y la clase climática, y di si trabajó en un negocio. Uno grande necesita un ayudante y un pick-up, debe viajar parado y tiene que reposar unas horas antes de volver a enchufarlo. Quien venga desde David o Colón por un congelador para duros querrá saber que pasa por tu portón antes de pedir prestado el carro.