Microondas
Compra y vende microondas en Panamá.
Panasonic maneja su operación latinoamericana desde la Ciudad de Panamá, y sus microondas comparten cocina con Samsung, LG, Whirlpool y Sankey. Nuevos o de segunda, van desde el compacto que cabe en un estudio hasta el inverter grande donde entra la bandeja de la familia, el que se instala sobre la estufa y hace de extractor, y el comercial que calienta almuerzos todo el día en fondas y cafeterías. Uno usado se aprueba o se descarta con una prueba corta: una taza de agua adentro, la puerta cerrada, y tiene que salir caliente.
El lugar donde va a quedar el microondas:
sobre el mueble solo pide un tomacorriente y aire alrededor de sus rejillas, y encerrado en un gabinete que no se hizo para eso, se recalienta. El combinado con grill o air fry suma una resistencia que dora y deja crujiente, y conviene compararlo con las freidoras de aire antes de pagar por las dos cosas juntas. El de sobre estufa se cuelga encima de los quemadores, con ventilador y filtro de grasa por debajo: es una versión liviana de los extractores de grasa que muchas veces reemplaza. El empotrable entra en una columna del mueble con su marco, a menudo encima de uno de los hornos de pared. El comercial cambia el plato giratorio y el reloj por una cavidad de acero, teclas programables y una puerta hecha para la hora del almuerzo en una fonda.
El microondas inverter y el pollo medio congelado:
el microondas común logra la potencia media prendiendo y apagando el magnetrón a ratos; por eso el pollo descongelado sale cocido en las orillas y duro en el centro. El inverter mantiene una potencia baja y pareja, y la descongelada y el recalentado salen uniformes. Los modelos planos de Panasonic además no llevan plato giratorio, así que un refractario rectangular entra derecho. La potencia pesa más que la capacidad: los tiempos impresos en la comida congelada suponen un equipo potente, y uno compacto de pocos vatios se queda atrás.
Lo que el inverter y el air fry le suman al precio de un microondas:
uno de mesa convencional y pequeño arranca en unos $50 nuevo y la mayoría de los básicos no pasa de unos $120, mientras que un inverter de tamaño completo anda entre $200 y $250 y los combinados con air fry se acercan a los $300. Con nuevos tan baratos, un básico usado con algunos años compite contra una caja sin abrir y se vende por poco. Un inverter limpio o uno de sobre estufa aguantan mucho mejor su valor: el primero porque la cocción pareja es justo lo que busca el comprador, el segundo porque en una cocina chica puede ahorrar la campana.
La mica en la pared de la cavidad:
es donde un microondas usado cuenta cómo lo trataron. Es la tarjetita gris o crema que tapa la guía de ondas en la pared lateral, y una quemadura café o negra en ella delata grasa salpicada que ha estado chispeando. La mica sale barata, pero si las chispas siguen llegan al magnetrón, una reparación que casi nunca vale la pena en un microondas de casa. La pintura saltada o el óxido dentro de la cavidad chispean igual, y el óxido que ya atravesó la lámina no tiene arreglo.
Una taza de agua en el microondas usado:
resuelve lo demás en un par de minutos. A máxima potencia tiene que salir bien caliente, y si el equipo zumba pero la deja tibia, el magnetrón está cansado o la tarjeta inverter está fallando. Abre la puerta a mitad del ciclo y todo debe parar al instante; si la luz o el plato siguen, hay un interruptor de puerta gastado. Prueba cada tecla, porque los teclados de membrana se rajan con el uso fuerte, y fíjate que la puerta cierre derecha. No abras la carcasa: el capacitor de alto voltaje guarda una carga peligrosa aun desenchufado.
Un microondas que se va con su plato de vidrio:
empieza el anuncio con la etiqueta del marco de la puerta o de atrás, porque el modelo contesta casi todo de antemano. Suma la cavidad limpia con la mica de cerca, los años que tiene y si van el plato de vidrio y el aro de rodillos originales, porque un plato que falta convierte la visita en regateo. Si es de sobre estufa, di si sigue instalado y si sacaba el aire por ducto; la fonda o cafetería que se deshace de un comercial debe decir cuántas horas al día trabajaba y qué piezas se le cambiaron. Quien venga a buscarlo, que traiga una toalla o una caja para el plato, la pieza que suele romperse en el camino a casa.