Artes Marciales
Compra y vende equipo de artes marciales en Panamá.
En Panamá el boxeo se sigue aprendiendo en gimnasios municipales como el Rockero Alcázar de Curundú y el Roberto Durán de El Chorrillo, y los guantes que se usan ahí suelen pasar de un peleador a otro. El equipo nuevo y usado para el ring y el tatami circula igual: guantes de sparring y vendas, manoplas que un entrenador ya jubiló, el kimono de jiu-jitsu que a un alumno le quedó chico antes del siguiente cinturón, el dobok de taekwondo de un niño que pegó el estirón. Casi todo se compra por talla, así que la etiqueta pesa más que el logo.
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Guantes de boxeo por onzas:
el peso del guante va primero, y depende más del uso que de quien lo lleva. Para sparring casi todos los gimnasios piden guantes de dieciséis onzas, porque el relleno extra cuida al compañero; los más livianos sirven para saco y manoplas. Los de cordones ajustan mejor pero alguien tiene que amarrarlos, y los de velcro dejan entrenar solo. Los de muay thai reparten el relleno más parejo y tienen la palma más suave para el clinch, y van con espinilleras. Los de MMA dejan los dedos libres para agarrar. Las vendas van debajo de todos y no vale la pena comprarlas usadas. Las pesas y bancas para los días de fuerza están en equipo de ejercicio.
Kimonos para el tatami de jiu-jitsu y judo:
el kimono de jiu-jitsu se mide con la escala A, de A1 a A4 para casi todos los adultos, según la tabla de cada marca, y las brasileñas no cortan igual que las estadounidenses. El pearl weave es liviano y se seca rápido después de una clase sudada; el gold y el doble aguantan más los agarres y duran más. El de judo es todavía más grueso y resiste tirones fuertes, así que no se intercambian. En karate se elige por uso: liviano para kumite, algodón grueso y tieso que truena para kata. Las licras son para no-gi, y lo que muchos usan para estirar entre clases está en yoga y pilates.
Doboks de taekwondo y el equipo electrónico de puntuación:
los doboks de niño cambian de manos todo el tiempo, porque los chicos crecen más rápido de lo que suben de cinturón, y muchos llegan casi sin uso. Para entrenar en el club basta un peto tradicional con antebraceras, espinilleras y casco de espuma. En torneo se usan petos electrónicos con calcetines de sensores que registran las patadas que puntúan, y los sistemas de Daedo y KP&P no funcionan entre sí, así que pregunta con cuál compite tu club antes de comprar un peto electrónico usado.
Guantes de cuero hechos en México frente a los de espuma:
unos guantes sintéticos de entrenamiento cuestan entre $40 y $60 nuevos en Panamá, y cuando la espuma se aplasta y el forro se ha tragado unos meses de sudor se revenden por casi nada. Los de cuero hechos a mano, como los Cleto Reyes de México o los Winning de Japón, arrancan cerca de $250 nuevos y aguantan mucho mejor su valor: un par usado con el forro limpio y el relleno que todavía rebota se mueve entre $130 y $170, porque un buen relleno conserva la forma por años y no por meses.
Apretar los nudillos de un guante usado:
dice casi todo. Empuja con el pulgar el relleno sobre los nudillos: tiene que resistir y volver, no doblarse. Mete la mano y busca forro roto y costuras sueltas alrededor del pulgar, y huélelo, porque el mal olor que vive en la espuma no sale lavando. Hay muchas copias de Cleto Reyes y Winning: fíjate en costuras parejas y apretadas, un logo nítido, la etiqueta del fabricante dentro del puño y un precio que tenga sentido. En un kimono se gastan antes el cuello grueso y las rodillas del pantalón, y el algodón encoge en la secadora, así que pregunta cómo lo lavaban. Un saco con el relleno hundido al fondo o la costura de arriba abierta junto a las cadenas necesita arreglo.
Guantes y kimonos para el próximo peleador:
se venden más rápido cuando el anuncio resuelve la talla antes de que alguien pregunte. En guantes pon marca, onzas, cordones o velcro y cuánto tiempo se usaron; en un kimono, la talla A, el tejido y si ya encogió; en un dobok, la estatura del niño cuando le quedaba. Fotografía el interior de cada guante, la palma, el cuello y las rodillas del kimono, y sé honesto con el olor. Quien viene desde un gimnasio de El Chorrillo o de Curundú querrá ponerse los guantes sobre sus propias vendas y soltar unos golpes contra tus palmas, así que deja los cordones flojos y queden en un lugar con espacio para soltar un golpe.