Camping & Exploración

Compra y vende casas de campaña y equipo de camping en Panamá.

En la cumbre del Volcán Barú la madrugada puede rozar el punto de congelación, mientras en una playa del Caribe la noche sigue caliente, y casi todo el equipo de acampar en Panamá se compra pensando en uno de esos dos extremos. Un saco abrigado para el volcán o una hamaca con mosquitero para las tierras bajas se consiguen nuevos o usados, y el equipo de camping suele cambiar de dueño con muy poco uso, como la casa de campaña familiar de un fin de semana en la Laguna San Carlos. Armada, secada y guardada como se debe, una casa de campaña le sirve como nueva al próximo campista.

Casas de campaña contra la lluvia, o una hamaca:

las que aguantan más de una salida son de doble pared, con interior de malla y un sobretecho aparte que llega al suelo por todos lados. Los domos baratos, con sobretecho a media pared, aguantan una noche seca y dejan entrar el agua cuando la lluvia viene con viento. Las familiares de dos cuartos son para acampar con el carro al lado, como en la Laguna San Carlos. En el bosque de tierras bajas muchos cambian la casa de campaña por una hamaca con mosquitero y una lona encima, el sistema que hizo conocidas a ENO y Hennessy, porque te aleja del suelo mojado y de las raíces. Las bolsas secas para llegar a una isla están en deportes acuáticos, y las cañas para una noche junto al lago de La Yeguada, en pesca.

Sacos de dormir para las noches frías del Barú:

en los campamentos de altura es donde la gente pasa trabajo. La cumbre del Barú puede bajar a casi cero antes del amanecer, y el filo de La India Dormida, sobre El Valle de Antón, tiene viento para tumbar una casa de campaña mal tensada. Fíjate en la temperatura de confort de la etiqueta, no en la de límite, que es la de sobrevivir, no la de dormir. La pluma deja de abrigar en cuanto se humedece, y en el bosque nuboso todo está húmedo; el relleno sintético sigue abrigando mojado. En la costa basta una sábana saco, y las ventanas de malla importan más que cualquier etiqueta, porque la noche sigue caliente y las chitras salen al atardecer.

Estufitas de camping y la mochila que las carga:

una estufita sirve lo que sirva el gas que consigas, así que revisa si usa cartuchos de rosca, de los que se perforan o la botellita de propano Coleman. El encendido de botón es lo primero que falla: lleva encendedor igual. En la mochila manda el ajuste, no la capacidad: el largo del torso tiene que ser el tuyo y el cinturón de cadera tiene que cargar el peso, y ahí una Osprey o una Deuter se gana su precio frente a una mochila de colegio.

Una casa de campaña familiar con varias salidas:

un domo básico con sobretecho a media pared cuesta entre $40 y $90 nuevo en Panamá, por eso uno usado casi no se vende: por esa plata la gente prefiere estrenar. La reventa está en las familiares de dos cuartos con sobretecho completo, que andan entre $230 y $350 nuevas. Una con unas cuantas salidas y todas sus varillas, estacas y vientos se mueve entre $120 y $180. El comprador rebaja tanto porque ninguna foto enseña cómo va envejeciendo el recubrimiento impermeable, y reponer una varilla perdida o un sobretecho roto puede costar casi esa diferencia.

La prueba del olfato en una casa de campaña usada:

dice más que las fotos. Desenrolla el sobretecho y el piso y huélelos: si la guardaron mojada, el recubrimiento se pone pegajoso, se descascara y huele a vinagre. Revisa la cinta de las costuras, abre y cierra cada zíper, que la arena se come los cursores, y busca rajaduras en las varillas de fibra de vidrio. Un saco de dormir tiene que recuperar su volumen al sacudirlo; uno que pasó años apretado en su funda queda plano y frío. Prende la estufita antes de pagar y huele alrededor de la válvula. Las copias de estufas tipo Jetboil y de mochilas de marca se delatan por hebillas sin marca, cintas delgadas y costuras flojas donde se unen las correas.

Armar la casa de campaña antes de anunciarla:

responde casi todo lo que el comprador quiere saber. Ármala en el patio con el sobretecho puesto, fotografíala, extiende varillas, estacas y vientos y pon en el anuncio cuántos hay. Di si alguna vez entró mojada a su bolsa. Para un saco de dormir, indica la temperatura de confort y el relleno, y enséñalo esponjado, no enrollado. Quien sube a Cerro Punta el fin de semana querrá verla armada antes de soltar la plata, así que queden en un sitio con grama y ármenla juntos.