Caballos

Encuentra y ofrece caballos en Panamá.

Al caballo de vaquería panameño se le amansa con bosal y se le enseña a girar con la rienda apoyada en el cuello, para dejarle al jinete una mano libre para el lazo, y lo avanzado que va en ese camino pesa más que la raza. Caballos de trabajo de las fincas de Veraguas, cuartos de milla de las pistas de barriles y de lazo y caballos de paso peruano necesitan jinete nuevo cuando el dueño se retira, un niño crece o una finca deja el ganado. Sillas, bosales, frenos y aperos de exhibición se anuncian nuevos y de segunda mano. Di qué trabajo ha hecho el caballo y quién lo ha montado.

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Del potro cerrero al caballo terminado en el freno:

esa escalera dice más que la raza sobre lo que sabe hacer un caballo panameño. El cerrero apenas se ha tocado. El amansado se empezó a la manera del vaquero, con bosal, una muserola de cuero crudo sin hierro en la boca, y gira con un roce de la rienda en el cuello. Solo cuando eso está firme pasa al freno, y un caballo que se anuncia como terminado debe girar con la rienda al cuello, parar y retroceder con el freno sin abrir la boca ni sacudir la cabeza. Pregunta en qué etapa va y quién lo trabajó.

Caballos de vaquería, cuartos de milla y caballos de paso:

casi todos los caballos de trabajo de las fincas de Veraguas y Los Santos son lo que aquí se llama criollo, que en el habla diaria quiere decir sin raza definida, no una línea nativa registrada. Son resistentes, seguros en los caminos de montaña y acostumbrados a trabajar con vacas, y el mejor primer caballo para quien quiere pasear y no competir. El cuarto de milla es el caballo de competencia: los clubes de barriles, las pistas de lazo, la rienda y los clubes de amazonas, donde compiten las mujeres. Un caballo de barriles es rápido y anda acelerado, lo contrario de lo que pide un principiante nervioso. El paso peruano y el paso fino son caballos de andadura: llevan al jinete suave, en un paso de cuatro tiempos en lugar del trote, y por eso son el caballo de los paseos largos.

La boca, las patas y los modales del caballo el día de la prueba:

móntalo tú, con su equipo y luego con el tuyo. Súbete por los dos lados: debe quedarse quieto. Pide un giro a una mano hacia cada lado, una parada y un retroceso; el caballo que pelea el freno casi siempre salió del bosal antes de tiempo. Pasa la mano por las patas delanteras antes y después de montarlo: calor o hinchazón blanda en los tendones tras el trabajo es una alerta, y un caballo de barriles o de lazo que lleva años girando fuerte puede tener los corvejones resentidos, así que míralo trotar alejándose sobre suelo firme. Compara los dientes con la edad que te dieron. Pregunta si ha cruzado tranquilo, con jinete, unas fiestas patronales con banda y pólvora. Pide el registro de vacunas y una prueba de Coggins reciente para anemia infecciosa equina, porque un caballo portador del virus puede verse perfectamente sano.

Sillas vaqueras, bosales y aperos con plata:

la silla de trabajo aquí es vaquera, con cuerno para darle vuelta al lazo y un fuste pesado de madera que aguanta el tirón cuando el novillo llega al final de la soga. Los aperos de exhibición van por otro lado: cabezadas, frenos y sillas trabajados en plata, hechos para lucirse en un desfile o en la pista. En una silla usada, comprueba que libre la cruz sin sudadero y revisa los correajes de donde cuelga la cincha, porque ese cuero carga todo el esfuerzo y se raja si se reseca, y en la platería busca baño gastado hasta el metal y conchas que se han vuelto a pegar.

Un caballo de barriles, uno de finca o un viejo maestro que busca jinete:

di la edad, el sexo, la alzada y la raza o el cruce, en qué etapa de la doma está y con qué equipo, y quién lo ha montado, porque un caballo que un niño monta solo es otro animal que uno al que solo se sube el domador. Cuenta sin adornos cualquier cojera, cólico o temporada parado. Grábalo montado a todos los aires y subiendo a un remolque de caballos: ese video es el que mira quien viene desde Las Tablas o Volcán antes de salir. Aclara qué aperos van con él: la plata de exhibición casi siempre se queda. Deja que el nuevo jinete lo pruebe más de una vez y manda con él el bosal o el freno en que se terminó: un caballo que va dócil con su equipo se puede agriar con el de un extraño.