Hicaco
Propiedades en Hicaco, Panamá.
El nombre lo pone un pueblo de pescadores, cuya asociación de pesca artesanal se ha ganado fama en la región por cuidar el recurso, pero lo que casi todos los compradores vienen a buscar está unos kilómetros al oeste: Santa Catalina, el pueblo surfista donde termina la carretera. Desde 2012 los dos forman un mismo corregimiento en la costa pacífica del distrito de Soná, en Veraguas, Panamá. Aquí viven unas 2,000 personas, repartidas entre el arrecife de La Punta, la arena larga de playa Estero y las playas de Lagartero, que miran hacia Cébaco y las demás islas del golfo de Montijo. Lo que más se vende es tierra: lotes en Santa Catalina a pocos pasos del mar, parcelas de una hectárea o más con vista al océano, y hostales o pequeños hoteles que se traspasan funcionando. Casas terminadas hay menos, y las más conocidas están dentro de Lago Bay, una comunidad cerrada con pista de aterrizaje propia.
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Sobre Hicaco:
Hicaco es de los corregimientos más jóvenes de Soná. La Ley 34 del 10 de mayo de 2012 lo segregó de Río Grande, que hoy queda al oeste, y fijó su cabecera en el pueblo de Hicaco. Tiene unos 94 kilómetros cuadrados y 2,007 habitantes según el censo de 2023, concentrados casi todos en Santa Catalina, Hicaco y Lagartero. Como la división es reciente, todavía circulan escrituras, anuncios y hasta papeles oficiales que ubican Santa Catalina en Río Grande.
El viaje es largo. Desde Soná la carretera baja hasta El Tigre de Los Amarillos, donde arranca el ramal a Santa Catalina; el Estado rehabilitó 17.2 kilómetros de ese tramo, con alcantarillas de cajón nuevas y un puente sobre el río El Estero, dentro de una obra de 25.7 kilómetros que también llega a San Lorenzo y a playa Arrimadero. Calcule unas dos horas desde Santiago y cinco desde la capital. Quien tiene prisa vuela: los chárter que salen de Albrook aterrizan en la pista privada de Lago Bay en unos 45 minutos, y de ahí a Santa Catalina hay entre 10 y 15 minutos en carro. Para el hospital y casi cualquier diligencia, toca subir a Soná.
En esta costa conviven dos maneras de ganarse la vida. En Hicaco y Lagartero manda la pesca artesanal, y la Asociación de Pescadores Artesanales de Hicaco ha convertido al pueblo en referente de pesca responsable en el sur de Veraguas; la Virgen del Carmen, patrona de los pescadores, es aquí la gran devoción. Santa Catalina, en cambio, vive del visitante. Los surfistas llegan por La Punta, una derecha potente sobre fondo de roca que ha recibido torneos nacionales e internacionales, y por la más exigente Punta Brava, mientras los principiantes aprenden en las olas de fondo de arena de playa Estero. Buzos y paseantes vienen por el Parque Nacional Coiba, Patrimonio de la Humanidad, y de ese movimiento dependen la cooperativa de boteros, las escuelas de surf, los centros de buceo, los hostales y las fondas.
La orilla no es igual en todo el trayecto. En La Punta es de piedra, así que un lote frente a la rompiente sirve para ver las olas, no para bañarse; Estero es una playa abierta y extensa, y playa Lagartero queda en la desembocadura del río del mismo nombre. El servicio que hay que vigilar es el agua: con fondos de la Autoridad de Turismo se rehabilitan los sistemas norte y sur de Santa Catalina y se construye uno nuevo para el sector De Aquel Lado del Río, pensado para unas 1,450 personas. La otra prueba es el invierno. En octubre de 2026 cedió un muro de contención en Hicaco y se inundó una vivienda, de modo que en un lote con pendiente conviene revisar drenajes y muros antes de discutir el precio. Compran aquí familias panameñas, operadores de surf y buceo, y extranjeros atraídos por las olas y por Coiba.
Casas en Hicaco:
Las casas son de tres tipos. En Hicaco, Lagartero y las calles más antiguas de Santa Catalina son viviendas familiares, muchas de una planta, que se venden con su patio. Cerca de las olas, varios dueños han levantado cabañas o cuartos para alquilar, así que la casa puede venir con un pequeño negocio de hospedaje incluido. En Lago Bay las viviendas ocupan lotes amplios dentro de una comunidad cerrada de playa y lagos, con personal compartido para la garita, los caminos y las áreas verdes, pozos propios y electricidad soterrada. Antes de comparar precios, pregunte de dónde sale el agua de cada casa: no es lo mismo un pozo privado que una red comunitaria que todavía está en obra.
Terrenos y Lotes en Hicaco:
El grueso del mercado es tierra. En Santa Catalina y sus alrededores hay lotes para construir a distancia caminable de la playa, desde unos cientos de metros cuadrados hasta casi media hectárea, y de vez en cuando alguna parcela frente al mar. Hacia el este, rumbo a Lagartero y al pueblo de Hicaco, salen parcelas de una a tres hectáreas con vista al océano, y los terrenos sobre la vía principal Lagartero–Hicaco se valoran por su frente a la calle. La primera línea se paga cara: una hectárea con vista, a pocos minutos de la arena, puede costar poco más que un lote de playa cinco veces más pequeño. Unas parcelas están tituladas en el Registro Público y otras solo tienen derechos posesorios, y esa diferencia pesa más que el precio de lista.
Hoteles y Hostales en Hicaco:
El hospedaje en Santa Catalina es pequeño y lo atienden sus dueños, por eso hostales, bed and breakfast y hoteles boutique salen a la venta como negocios en marcha y no como edificios vacíos. La oferta va desde un hostal boutique de cinco habitaciones privadas en un lote de 1,800 metros cuadrados, a pocos minutos de la playa, hasta hoteles boutique sobre la arena en pleno centro del pueblo. Lo que se compra es un negocio que depende del surf y de las visitas a Coiba, así que pida el historial de operación y las licencias a nombre del vendedor. Después confirme que el título incluye el terreno donde de verdad están las cabañas.
Proyectos nuevos en Hicaco:
La única comunidad planificada de cierto tamaño es Lago Bay, unas 55 hectáreas en Lagartero con más de dos kilómetros de playa, lagos de agua dulce sembrados con sargento y bosque en sus bordes. La pista ya está construida y operando, y los lotes se venden por separado, algunos de menos de 1,000 metros cuadrados, junto a casas en terrenos mucho más grandes. Las casas hangar junto a la pista, el pabellón de playa y los muelles de pesca están anunciados pero todavía no existen. Compre sobre lo que hay hoy y lea el reglamento de la comunidad y las cuotas por servicios comunes antes de firmar.
Preguntas frecuentes:
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Los papeles del vendedor dicen Río Grande y no Hicaco, ¿es un problema?
Por sí solo, no. Santa Catalina, Lagartero y Hicaco pertenecieron a Río Grande hasta 2012 y muchos documentos nunca se actualizaron. Lo que importa es que el número de finca del certificado del Registro Público coincida con el plano y con el terreno que usted recorrió, y que el propietario inscrito sea quien le vende.
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¿Los terrenos de playa están titulados o son derechos posesorios?
Hay de los dos, muchas veces uno al lado del otro. La tierra titulada está inscrita y se puede hipotecar y revender sin tropiezos; el derecho posesorio no, y pasarlo a título es un trámite aparte ante la ANATI que cuesta tiempo y dinero. En cualquier lote de playa recuerde además que la playa es de uso público, así que el área aprovechable termina antes de la arena.
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¿Cómo llego a Santa Catalina sin manejar cinco horas?
En avioneta chárter desde Albrook hasta la pista de Lago Bay, unos 45 minutos de vuelo, y luego entre 10 y 15 minutos por carretera. Por tierra, el ramal rehabilitado desde El Tigre de Los Amarillos hace más llevadero el último tramo, pero desde Santiago siguen siendo unas dos horas.
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¿Un lote en Santa Catalina tendrá agua y luz?
No lo dé por hecho. La red de agua del pueblo se está rehabilitando y ampliando, lo que debería ayudar, pero el servicio todavía cambia de un sector a otro. Lago Bay funciona con pozos propios y cableado soterrado; una parcela rural hacia Lagartero quizá necesite su propio pozo y una extensión de la línea eléctrica.
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¿Puede un extranjero comprar en Hicaco?
Sí. Hicaco está en tierra firme y lejos de las fronteras terrestres, así que el extranjero compra aquí en las mismas condiciones que un panameño. Coiba y sus islas son parque nacional y no están a la venta.